“El editor: un fantasma benigno”

"Sara Schulz". Dibujo al carbón por Fernando Lezama "Sara Schulz". Dibujo al carbón por Fernando Lezama

 

Entrevista a Sara Schulz

La Redacción

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Sara Schulz estudió filosofía en la Facultad de Filosofía y Letras de la UNAM. Ha trabajado en las revistas Conspiratio y Artes de México y en las editoriales Miguel Ángel Porrúa, Santillana y el proyecto Alias.

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Provienes de una formación académica filosófica, has estudiado cuestiones de filosofía y psicoanálisis, y has trabajado en diversas editoriales importantes en México. ¿Cómo se dio tu llegada a un proyecto como Alias?

Comencé a dedicarme a la edición hace alrededor de 16 años, mientras estudiaba la carrera de Filosofía. Para mí lo editorial es ante todo un oficio, por lo tanto, se trata de una labor de aprendizaje constante a partir del camino que otros han trazado. En esa ruta, varios años después, un amigo me presentó a Damián Ortega, con quien colaboré desde el primer libro de Alias, que es una entrevista a Marcel Duchamp traducida por varios artistas mexicanos en un lenguaje coloquial. En aquel entonces el proyecto aún no tenía nombre, apenas empezaba a definirse como una colección. Recuerdo que la frase fue: “¿Puedes echarle un ojo a este texto?”… y así nos seguimos.

¿Ha influido tu formación filosófica en tu visión editorial, en particular en Alias?

La formación del filósofo se dirige principalmente a la estructura del pensamiento, más allá de los temas o de las escuelas particulares. Esto es muy útil en el campo de la edición cuando tienes que organizar, concebir, planear tanto libros como equipos de trabajo o procedimientos. Además, en relación con Alias, sentí un interés particular por los temas y los autores que publicamos, lo que lo convirtió en un proyecto que disfruté enormemente, porque además se trató no sólo de los libros, sino de desarrollar un pequeño universo, un sistema.

¿Cómo fue tu experiencia a cargo del sello Aguilar?

Fue muy divertida. Aprendí mucho porque es una editorial muy grande, que formaba parte de una de las maquinarias más monstruosas de la edición en español, que era Santillana, y con mucha historia, con todo lo que ello implica: gran número de publicaciones, equipos de trabajo amplios, tirajes enormes, responsabilidades de todo tipo, desde las editoriales, hasta las gerenciales: presupuestos, reimpresiones, marketingmanagement, proyecciones de venta, etcétera. Además, varios de los procesos editoriales eran internos, como la preprensa y la difusión, lo cual me dio la oportunidad de conocer otros ámbitos y adquirir conocimientos en áreas diversas.

¿Cómo fue tu experiencia en la revista Artes de México? ¿Y como jefa de redacción de la revista Conspiratio dirigida por Javier Sicilia?

El ritmo de la publicación de las revistas es muy diferente al de los libros. Hay más adrenalina, los tiempos son más cortos, las necesidades y compromisos son otros, lo que de cierta forma incide en los contenidos. Pero tanto Artes de México como Conspiratio han sido revistas que se distinguen por publicar números temáticos, cada edición es, de alguna forma, un libro, quizá más en el estilo de las revistas académicas o universitarias, que son coleccionables.

Las dos, además, tienen antecedentes que se remontan atrás en el tiempo. Artes con la primera época de la revista, fundada por Vicente Rojo. Y Conspiratio, que fue la “secuela” de otra revista llamada Ixtus. En Conspiratio disfruté mucho colaborar tanto con Javier Sicilia, a quien quiero mucho, como con las personas del consejo editorial, principalmente amigos de Javier, intelectuales, que me permitieron reelaborar mi idea de la religiosidad y comprender mejor la fe católica en México, no como un bloque. Estamos hablando no de la curia y sus excesos, sino de un “catolicismo de izquierda”, no conservador, si es posible decirlo así, que da otro significado a la palabra iglesia y que pone en el centro a la comunidad, la mesura, la ética, la austeridad. Ideas muy valiosas y principios de actuación fundamentales en los tiempos desastrosos que vivimos como país: corrupción, ambición desmedida, ilegalidad… Además, los artículos eran muy filosóficos, lo que me dio la oportunidad de volver a leer filosofía de una manera constante.

 Desde tu propia visión, ¿cómo describirías el proyecto Alias y qué lo distingue de otras editoriales?

Alias, como bien dices, es un proyecto, más que una editorial. Además es un proyecto de autor, en este caso un artista, con una línea muy definida por su gusto personal a partir del cual se hizo la selección de títulos, y que reúne diversas disciplinas: cine, música, poesía, ensayo. Creo que lo que caracterizó a Alias fueron sus lineamientos y la coherencia interna de la colección: una serie de libros de arte austeros a precios accesibles, que permitiera escuchar directamente la voz de los artistas, para dar a conocer su trabajo y enriquecer el medio del arte contemporáneo en español. Se hacía lo más que se podía con los menos recursos posibles, y a un ritmo propio.

¿Qué piensas del panorama editorial nacional enfocado al arte?

Hace algunos años el panorama era distinto que ahora. Poco a poco se han fortalecido y han surgido más editoriales pequeñas que abordan temas de arte o que publican a artistas, y eso ha sido muy enriquecedor. También hay materiales de lectura y distintas referencias que pueden conseguirse más fácilmente en internet. Sin embargo, en México se publican muy pocos libros de arte, puedes dar cuenta de eso si miras las secciones de arte en las librerías, en las que los libros son principalmente importados. Además, en su mayoría, los libros de arte que sí se publican son catálogos de museos o institucionales, que tienen un estilo muy específico. Por otro lado, están las publicaciones de galerías y algunos museos, que se atreven a más o tienen otro tipo de propuestas con sus colecciones o líneas editoriales. Y luego, existen también los esfuerzos individuales, con publicaciones propias o personales, algunas voces en el desierto que enfrentan el gran problema de la distribución… es posible que en los próximos años veamos un cambio significativo en este aspecto con las herramientas de venta online que están surgiendo y que han llegado al país recientemente.

Se tiene la idea de que los libros de arte son exclusivos de pocos lectores debido a su precio. ¿Cómo puede lograrse que los materiales lleguen a más lectores?

Los libros de arte de gran formato o coffe table, como se les conoce, son muy costosos y, por lo mismo, no accesibles para muchos lectores. Una estrategia fundamental es tener creatividad para disminuir los costos de los procesos de producción, por ejemplo con el formato y estilo de los libros, desde la selección de materiales hasta los recursos para ilustrar y diseñar, para que así las publicaciones no rebasen un límite y el precio de venta al público sea menor.

Otro aspecto importante, es la distribución. En mi experiencia lo que ha funcionado es cubrir diferentes espacios de maneras creativas, además de las librerías”.

¿Cuestiones como el formato y el precio, ayudan para que el arte llegue a más público?

Si consideras que muchos de los libros se dirigen principalmente a estudiantes de arte o artistas, estos son factores muy importantes. Las condiciones sociales y económicas de México son también un factor definitivo. Pero, nuevamente: existen otras cuestiones relevantes, que implican salir del molde de lo que estamos acostumbrados a hacer, a dar y a recibir y cómo. Las posibilidades son muchas, las terribles condiciones políticas, económicas y sociales que vivimos pueden impulsarnos a buscar esas otras vías. Creo que un factor fundamental es construir comunidad tanto de lectores como de editores. Y no depender exclusivamente de recursos estatales.

¿El trabajo del editor puede potenciar las cualidades estéticas de un artista? ¿En tu criterio, cuál es la tarea de un buen editor de arte?

Comprender la obra y lograr “traducirla” y plasmarla en un formato visual e impreso es el reto principal. Lograr una coherencia interna, tratar de no ser impositivo o protagonista en la toma de decisiones al momento de la selección, composición, diseño, etcétera, porque la edición es siempre una labor de conjunto, una práctica de la comunicación, y que sólo así es disfrutable, pues el objetivo sustancial de publicar, de volver público algo, es compartir (lecturas, conocimientos, visiones del mundo, etcétera), lo cual es algo fácil de perder de vista, pero que al final es lo que anima al “objeto libro”. Para mí el editor debe ser invisible al lector, una especie de fantasma benigno que sabes que está ahí, pero que no te molesta, o bien, que tiene el papel de un anfitrión que prepara para ti un espacio o una experiencia particular si consideras que cada libro es un lugar que se habita.

¿Cómo fue la experiencia de la monumental fotobiografía de Clarice Lispector? Ha habido críticas en torno a que este libro será el referente biográfico de la autora brasileña gracias a la conjunción del formidable material gráfico (casi 2000 imágenes) y el trabajo de investigación. ¿Qué piensas al respecto?

La publicación de la fotobiografía de Clarice fue un proyecto con Eduardo Sánchez, que tiene un estudio de diseño que se llama S, a partir del libro original publicado en Brasil y del que me enamoré cuando lo vi, principalmente por el gusto que tengo por la obra de la escritora. Es una investigación monumental del transcurso de vida de una autora, pero no sólo eso, sino de una época, una circunstancia histórica, llena de anécdotas y personajes, libros, cartas. El formato de la biografía en imágenes es, además, muy interesante, pues establece su propio ritmo y narrativa. La autora, Nádia Battella Gotlib, es académica, por lo que su trabajo también es riguroso en cuanto a las referencias y la bibliografía. Como dices, son más de seiscientas páginas y casi dos mil imágenes, que implicaron horas y horas de arduo trabajo de un equipo y mío, y estoy muy orgullosa del resultado. Es uno de esos proyectos que no harías si lo piensas dos veces, pero, como diría Pessoa, la inconsciencia es el fundamento de la vida.

 

 

 

 

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Sara Schulz. Dibujo al carbón por Fernando Lezama.

*Ilustración: Fernando Lezama