LA MÁQUINA GENÉSICA

Máquina Royal

Una apología de la sensibilidad para los tiempos venideros

Todo sucede demasiado rápido. La propia vida pareciera apresurarse a su exterminio. O la hemos apresurado desde que institucionalizamos el desprecio a la sabiduría que nos legó el pensamiento sensible, y erigimos la lógica como el canal primario de elaboración del más alto pensamiento. Pero habríamos de recordar que el capitalismo ultra salvaje, el armamento nuclear, el gran pulpo de enajenación cibernética, hambriento de secar la médula de las audiencias, no lo creó la sensibilidad. Tener un contacto emocionado con el universo no le hacía daño a nadie. Había una implicación. Un respeto.

¿En qué Apocalipsis vamos? Seguramente en el último, donde nadie parece turbarse de la total destrucción de la especie. Los valores más elementales para la prosecución de la vida se han difuminado. Así como los oligarcas concesionan a la bestia financiera los recursos naturales, así el hombre parece haber cedido su absoluta integridad, sus facultades imaginarias, al empobrecimiento causado por la mezquindad de los Grandes Poderes. De un tiempo a la fecha nos hemos vuelto efímeros, así como las pequeñas notas basura que llenan los portales de noticias. Sólo la obra del espíritu perdura; pero si permitimos el despojo, sólo quedará la fuerza de trabajo. Engranes. Motores. Comercio.

Los estragos de esta Gran Concesión no han sido menores. La imaginación se ha resquebrajado bajo la tormenta informática. El pensamiento profundo se ha desplazado por el tuit, la actualización del smartphone, las ofertas de fin de mes en las tiendas de ropa. ¿Qué más da? Demasiadas imágenes como para vernos reflejados en ellas. Demasiada velocidad como para implicarnos. La saturación informática va cimentando la sensación de que basta con conocer el ropaje del mundo. El atiborramiento de la vacua información es el nuevo opio del pueblo.

Pero si bajamos la velocidad y logramos articular un letargo contemplativo, tendremos quizás una oportunidad de volver a estimular las capacidades reflexivas. Es tiempo de que los herederos de la superficie cavemos en tierra profunda. Herederos de la mano de obra, buscaremos nuevamente a la sensibilidad. Descender a la raíz. Masticar nuevamente la semilla. Atrapar el pez con la mano para no enturbiar el río. Será la imaginación, la capacidad de sorpresa, quien vaya tras el universo. O para decirlo breve: en el epicentro de la devastación, todo tiene cabida nuevamente. Hoy, las facultades creativas se imponen como la más imperiosa necesidad de los seres humanos.

¿De la razón? El fabuloso escrutinio, la reflexión, el análisis.

Contribuiremos a poner en marcha la Máquina Humana, la Máquina Imaginaria, la Máquina Genésica, el otro engranaje que se une o se desgrana según los vuelcos de la mente inquieta. RESISTENCIA ante la gran acometida por eliminar el espíritu. RESISTENCIA para que el imaginario despabile su pasmo y se pregunte por todas las cosas. ¿Qué de malo hay en volver a tropezar con el pozo por mirar las estrellas?

Quizás está en curso el último Apocalipsis. El hielo nuclear aguarda bajo la sequía del mundo. Pero no seremos testigos impasibles del derrumbe: saldremos a dar batalla. Si nos quieren dormidos, vendremos por la noche con platillos de cobre. Si nos quieren inmóviles, tenemos prestos los tambores. Si nos quieren en silencio, ya hemos desempolvado un viejo corno que resonará en los archipiélagos. Lo humano tiene aún mucho que decir: el espíritu aún es terreno por arar.

¿O a quiénes vamos a responsabilizar si nosotros hemos apretado los grilletes? Si triunfaron las imposturas de sentido es porque las dejamos entrar. ¿Por qué deberíamos actuar cuando todo está en escombros? Por una sola razón: si se consume la imaginación genésica, será imposible la concepción de nuevos mundos. Y el arte, la literatura, la filosofía, los últimos grandes refugios del espíritu, terminarán siendo una filial de la industria de entretenimiento.

Lo que antes hacían los ejércitos hoy lo consigue el Imperio Audiovisual. Y como somos lo que vemos, la emoción está ya dirigida y el asombro condicionado. El mundo no es lo que escudriña el pensamiento sino lo que dicta el marketing.

Tendremos que concebir otras imágenes, abrir espacio a los ejecutantes de la resistencia genésica. ¿La imaginación al poder? ¿No bastaría con su supervivencia? Si subsiste, perdurará también la noción de POSIBILIDAD.

¿El legado del Imperio Audiovisual? Asentir sin réplica. Pensar quedo. De ser posible: no pensar.

En algún momento perdimos el rumbo y quizás no hay camino de regreso. Pero el amanecer cenizo nos encontrará despiertos. Y nos admiraremos nuevamente del agua, los animales y la noche. Después, vendrá la necesidad de manifestar lo que hemos visto. El mundo será un constante descubrimiento. La vida, un privilegio perceptivo.

Habremos puesto en marcha la Máquina Genésica.

 

Matías Garnica

Leopoldo Lezama

Heriberto Mojica

Fernando Lezama

 

"La máquina genésica". Óleo de Fernando Lezama
“La máquina genésica”. Óleo de Fernando Lezama