¿Por qué hay, en este país, una violencia asesina hacia las mujeres rayana en la psicosis? ¿Qué clase de enfermedad social se regodea en la tortura del cuerpo femenino hasta el punto de desmembrarlo quirúrgicamente y arrojarlo a un canal de aguas negras en los márgenes de una de las metrópolis más pobladas del mundo -el antiguo Distrito Federal, hoy CDMX-? “¡Como a un perro!”, señalaría Franz Kafka, anticipando en su prosa la barbarie del nazismo. ¿Qué se pretende “telegrafiar” con esto? ¿Cuál es el mensaje? Juan Manuel Rodríguez, joven filósofo mexicano, ensaya una respuesta a esta locura ordinaria a la que se enfrentan todos los mexicanos de norte a sur, y conecta esta inusitada forma de violencia con lo que él nombra: el Aparato Delincuencial de Estado. Este comprende tanto una política económico-militar mundial de corte neoliberal que se sirve del crimen -una lógica de despojo y expansión ilegal del territorio natural para acrecentar la riqueza de Occidente- como diversas formas de reproducción social del orden heteropatriarcal generadoras de la ganancia específicamente capitalista.