Bajo la formidable pluma de Pável Granados, Dorothy, el personaje de El Mago de Oz, ha logrado desenvolver su mundo interior, desde su enojo porque sus zapatillas han sido robadas del museo de Minnesota, hasta sus ideas supremacistas, encarnadas en su desprecio a Calibán, el célebre esclavo de La Tempestad de William Shakespeare. La representación de lo ficticio visto a través de la intimidad de un personaje y la idea de que los prototipos terminan donde comienza una visión del mundo, aparece aquí, en una excepcional pieza literaria.

Sandro Cohen fue uno de los editores, poetas y traductores mexicanos (nacido en New Jersey) más importantes de las últimas décadas. Su libro “Redacción sin dolor” es un clásico para los estudiantes de lengua y literatura castellana. Es recordado también por fundar la Editorial Colibri, y por impulsar la célebre Generación del Crack, que dio a conocer a escritores como Jorge Volpi, Ignacio Padilla, Eloy Urroz y Vicente Errasti, entre otros.

Las voces se entrecruzan, suben como una espuma convertida en parvada de sueños. En el sueño todo danza y todo se entrevera. Las formas se diluyen, los colores transmutan en objetos sólidos. Grafías vociferantes, mares rocosos extendiéndose hacia el firmamento como un ave salina. Y entre el torrente de voces, Natalia González Gottdiener se alza como un director de orquesta de mil vientos. Entonces la poesía emerge del núcleo de un volcán de fuegos múltiples.

En su exilio en la isla de Guernsey situada en el Canal de la Mancha, Victor Hugo escribió Los miserables (1862) y una obra menos conocida pero fascinante, Los trabajadores del mar (1866), donde el novelista francés desarrolla una deslumbrante idea del ser humano y sus enigmas. El encuentro del hombre y la naturaleza (y con otros seres), el abismo casi insondable que esto significa, aparece aquí en todo su esplendor: “El desvarío, que es el pensamiento en estado de nebulosa, confina con el sueño y halla en éste su frontera. El organismo material humano, sobre el que pesa una columna atmosférica de quince leguas de altura, se fatiga por la noche, cae rendido, se acuesta y reposa. Los ojos de la carne se cierran. Entonces, en aquella cabeza aletargada, menos inerte de lo que se cree, otros ojos se abren. Lo desconocido aparece. Las cosas sombrías del mundo ignorado se acercan al hombre, sea que exista con él comunicación verdadera, sea que las distancias del abismo tengan una grandeza visionaria, parece que los vivos indistintos del espacio vienen a mirarnos, que tienen curiosidad por nosotros, los vivos terrestres”.

Muchas fueron las áreas del saber que abarcó el interés de Antonio Alatorre. Fue un hombre con la voracidad intelectual de un pensador del Renacimiento, que además, no eligió obras menores para desarrollar su trabajo. Alatorre tuvo el atino de traducir obras amplias, que ya eran, o con el paso del tiempo se convirtieron en clásicos del pensamiento contemporáneo. Esto le da a Alatorre cierto halo de monumento intelectual, a pesar de que en persona fue un hombre extraordinariamente sencillo y sin el más mínimo interés de brillar. Al igual que la monja jerónima Sor Juana Inés (su guía espiritual, punta altiva, excenta siempre, siempre rutilante) la enormidad de Antonio Alatorre, su inquietud de saber fue legítima, portentosa en el ansia por escalar aquellos faroles sacros de perenne llama que irradia el conocimiento universal.  

En estos tres poemas de Rasha Awale (Jordania, 1985), la inocencia y el amor absoluto (atroz y sublime), van ganando terreno en una búsqueda poética que ahonda en ese doble infortunio que marca la vida de los seres humanos: el del mundo y sus desastres, y el su propio espíritu, a un tiempo puro y destructivo. La de Rasha es una sensibilidad que destella lo mismo ante la atrocidad de la guerra, que ante la emoción de una niña que esconde sus dulces debajo de la cama. De ella ha dicho Agustín Cadena, a quien debemos la traducción de estos extraordinarios poemas: “Rasha Awale viene de una estirpe marcada por el combate, el dolor y la pérdida. Por eso le preocupa lo que ocurre en este atribulado mundo y escribe sobre eso. Y por eso trata de hacer algo para reducir aunque sea un poco la cantidad de dolor que se respira”.

Charles Bukowski es un referente para cualquier escritor en ciernes que vive o se percibe marginal, y Samuel Segura (Ecatepec, 1987) da cuenta de ello en el presente relato, testimonio del encuentro impar y fantasmal entre dos aspirantes a novelistas que se conocen en uno de los tantos talleres literarios que desbordan la Ciudad de México. Aunque existe una diferencia considerable de edad entre el sexagenario Doktor -profesor retirado y amante de la literatura rusa del siglo XIX- y el joven escritor de Por tu maldito amor, borrador de novela que narra las aventuras de un grupo de inexpertos mariachis en busca de un nombre en la música popular mexicana, ambos logran conectar gracias al libro Pulp, última novela del mencionado escritor norteamericano muerto hace ya veintiséis años.

Rey Mono, un admirable relato del siglo XVI chino, es una de las obras más fascinantes de la literatura universal, donde se conjuga la novela de aventuras, la filosofía del Tao y el budismo, la alquimia y las mitologías orientales, todo construido bajo un alucinante lenguaje poético. La peregrinación del monje Tripitaka a la India acompañado de tres mágicos discípulos en busca de las antiguas escrituras del budismo, es el tema de esta obra monumental, que hoy llega a nuestro país traducido magistralmente por Wendolín Perla.

Roxana Sámano escribe, desde la incertidumbre del presente, sobre el escritor chileno Pedro Lemebel (1952-2015), quien irrumpió en las letras y cultura chilena a mediados de los años ochenta del pasado siglo, para subvertir, incomodar y aportar un nuevo lenguaje capaz de desequilibrar la moral de la sociedad de su tiempo -la conservadora y la revolucionaria-. “No soy Pasolini pidiendo explicaciones, no soy Ginsberg expulsado de Cuba, no soy un marica disfrazado de poeta. No necesito disfraz. Aquí está mi cara. Hablo por mi diferencia. Defiendo lo que soy y no no soy tan raro” sentenció Lemebel, maquillado y vestido de tacones, en un acto político de los partidos de izquierda en septiembre de 1986, en Santiago de Chile.

La gran novela de Virginia Woolf publicada en 1928, es revisada con lucidez y deslumbramiento por Pável Granados, quien hace un reconocimiento a la gran autora inglesa que sublimó el poder de la sexualidad y sensibilidad femenina a través de la construcción de Orlando, un personaje memorable en la historia de la literatura. Sátira del género autobiográfico, de la figura del escritor masculino y de los propios valores de la sociedad inglesa de los últimos cuatro siglos, en el Orlando de Virginia Woolf, dice Granados: “Todo está puesto como por descuido y de manera natural para que la vida de Orlando pase con suavidad por entre las épocas”

Una vieja casa llena de gatos que perteneció a un poeta del siglo XIX, es el mayor miedo de un hombre, que ha descubierto que aquellos gatos ¡hablan! ¿Estamos ante un cuadro de locura o ante un evento fantástico? “Pero sé que los gatos de esa casa hablan; los he escuchado en otras ocasiones y ni siquiera tengo la satisfacción de decir que me han revelado algo de lo mucho que han de saber. Me dicen sólo lo necesario para angustiarme: un saludo, una frase suelta”.

En esta breve ciencia ficción, Mauricio Patrón Rivera, cual oráculo de Delfos, sacude la amnesia provocada por el trauma. Volcada en un tiempo futuro, y en abierta referencia al filme de culto El planeta de los simios (Franklin Schaffner, 1968), Segunda visita del Eternal Hispanic narra la misión de exploración y reconocimiento, post-apocalíptica, de dos argonautas siderales, en donde la memoria y la consciencia especular develan la identidad real de los antiguos dueños de la tierra.