En este planeta llamado Tierra, habemos muchos, los más, que lo habitamos en la precariedad, aunque esto no significa que carezcamos de lo indispensable para sobrevivir con decoro: nuestra imaginación. Para salir adelante, en Uruguay, Argentina, Cuba, México, y en otros países y en otros continentes, reutilizamos los desperdicios de las sociedades industriales y de consumo, y los transformamos en un “hecho estético”. “Lo precario”, nos dice Walter Cruz (Salto, Uruguay, 1969), “es lo viejo y desvencijado vuelto a la vida”. Es aquello otro inmaterial que nos habita, aunque se esfume al momento de solo pronunciarlo. Inspirado en esta condición tan humana, el artista plástico uruguayo ha montado la instalación Bordes de lo precario.

Gerardine Cipriani (Rovereto, Italia, 1986), presenta una selección de su obra pictórica expuesta en el Museo de Arte Contemporáneo de Querétaro con la colectiva Territorio inmaterial. De acuerdo con la propia artista, su obra es el resultado de tres acontecimientos fundamentales: el teatro, la cotidianidad y el cuerpo, todo esto explorado con una técnica realista depurada y crepuscular. Un pensador atraído más por sus robustos e inertes libros que por la fragilidad de los seres vivos, dos enamorados desgraciados pero irremediablemente juntos, la maja desnuda de mediana edad y Cipriani misma respondiendo al llamado de la oscuridad son algunos de los personajes de su meticulosa puesta en escena.

Alejandra Trazos plantea el viaje como el encuentro con una realidad alucinada. Sus dibujos eléctricos, vertiginosos, nos hacen partícipes de esos lugares fascinantes que se despliegan ante su mirada. Nom Pen, la insólita capital camboyana, aparece con sus tonos ocre radiante, sus mercados de pescado, y sus calles, carnaval de motonetas que desfilan hacia un cielo impreso de purpúreo infinito. En estos dibujos queda esa sensación “sabiamente caótica” que, según Jorge Luis Borges, deja todo viaje. Es el delirio de la percepción concibiendo un nuevo paisaje.

“El alma se muestra a través de sus muros”, dice Aldous Huxley en torno al rostro, es decir, que en él no únicamente se percibe la geografía expresiva exterior de una persona, sino que también se halla el rastro de su ser profundo. Esta idea la persigue Sebastián Coutiño en sus dibujos; trazos que son el asentamiento de una superficie, pero más aún, una excavación en busca de un significado, como quien busca un espejo debajo de un río. Es la materialización de una forma, y al mismo tiempo, el bosquejo de un camino posible: la ruta hacia el ser propio. Por eso Coutiño cuando piensa en la pintura no se detiene a hablar sólo de técnica, y prefiere enfatizar ese “instante de eternidad como expresión continua del alma”, comprendiendo que un trazo sobre el papel tiene como responsabilidad última la fijación de una presencia en el tiempo.

El pintor coahuilense Jorge Durón, nos invita a pensar junto con él cuál es el sentido de la crítica de arte en nuestros días, en un momento en el que pareciera que los “críticos” son los integrantes de un jurado de Reality show en un set televisivo, y en donde su compromiso no pareciera estar con el arte ni el público, sino con los museos, los artistas de renombre, los gobiernos en turno y el mercado. ¿Necesitamos de la crítica de arte? Si la respuesta es afirmativa, ¿en qué condiciones? Para Jorge Durón, el crítico debe “ser capaz de transmitir pasión y gusto por el arte”, empujarnos a dialogar con la obra y evitar los juicios morales o personales que sólo buscan atizar la hoguera de las vanidades en tiempos de redes sociales y conexión global.

Presentamos un ejercicio transversal entre el texto, la fotografía y el grabado, realizado por los artistas mexicanos Diana Trujillo y Francisco García, a partir de la reflexión que generó en ambos la lectura de los ensayos “La sombra y la huella” del artista visual Luca Pancrazzi y “Fotogramas” de la también artista Paola Binante. Ambos textos son a su vez meditaciones cuidadosas sobre el arte y las técnicas fotográficas inspiradas en la obra de su compatriota italiano Pierpaolo Pagano. La excelente traducción corre a cargo de Laura Gandolfi. Estamos, pues, frente a un ejercicio de interpretación múltiple y diverso con resultados notables.

No sólo fue Little Richard uno de los fundadores del Rock and roll. Fue el primero en dar gemidos y mover las caderas frente a las cámaras, mucho antes que Elvis Presley y Mick Jagger. Fue el primero en hacer del erotismo corporal explícito un espectáculo musical. Es el primero también en vestirse de mallones y luces, pintarse los ojos, y hacer del lenguaje gay un aporte a la música popular. Su voz potente y su personalidad es el antecedente de muchas otras que dieron vida a la historia del rock y el pop: Paul McCartney, Janis Joplin, Roger Daltrey, Robert Plant, Freddy Mercury, Michael Jackson, entre muchos otros. Ha muerto el Rock and roll, se ha consumido el Profeta del fuego.

Óscar Chávez fue un emblema de la canción de protesta y de la cultura popular mexicana. El Caifán Mayor deja canciones inolvidables como “Por ti”, e interpretaciones como “La Llorona” y “Los cien años de Macondo”. Gran parte de su trabajo se concentró en rescatar la canción popular mexicana. Su muerte ha sido una pérdida para generaciones de jóvenes críticos y comprometidos con su tiempo. No te pierdas esta entrevista inédita realizada por Leopoldo Lezama a uno de los grandes personajes de la cultura mexicana del último medio siglo.

En un mundo habitado por la imagen, ¿cuál será el sentido de colocar una fotografía más? Los fotogramas de Pierpaolo Pagano exponen una temporalidad distinta a la irruptiva forma de crear actual. La estética parte del retorno a las temporalidades mágicas de la latencia de la imagen, las oxidaciones y transformaciones hacia una onírica visual.