¿Por qué hay, en este país, una violencia asesina hacia las mujeres rayana en la psicosis? ¿Qué clase de enfermedad social se regodea en la tortura del cuerpo femenino hasta el punto de desmembrarlo quirúrgicamente y arrojarlo a un canal de aguas negras en los márgenes de una de las metrópolis más pobladas del mundo -el antiguo Distrito Federal, hoy CDMX-? “¡Como a un perro!”, señalaría Franz Kafka, anticipando en su prosa la barbarie del nazismo. ¿Qué se pretende “telegrafiar” con esto? ¿Cuál es el mensaje? Juan Manuel Rodríguez, joven filósofo mexicano, ensaya una respuesta a esta locura ordinaria a la que se enfrentan todos los mexicanos de norte a sur, y conecta esta inusitada forma de violencia con lo que él nombra: el Aparato Delincuencial de Estado. Este comprende tanto una política económico-militar mundial de corte neoliberal que se sirve del crimen -una lógica de despojo y expansión ilegal del territorio natural para acrecentar la riqueza de Occidente- como diversas formas de reproducción social del orden heteropatriarcal generadoras de la ganancia específicamente capitalista.

El presente ensayo es una breve reflexión sobre el papel del arte en nuestros días a partir de la multipremiada película Roma. Tomado como fuente la sentencia del filósofo francés Jean Baudrillard de que “vivimos en un mundo de simulación” en donde “la más alta función del signo es hacer desaparecer la realidad y, al mismo tiempo, enmascarar esta desaparición”, Frida López Rodríguez entiende el hiperrealismo desplegado en la película del mexicano Alfonso Cuarón como una sucesión de simulacros que suplantan a la realidad. Esto es así porque en la cultura del simulacro (otra manera de nombrar a la sociedad del espectáculo), el hiperrealismo en el arte cumple la tarea de disimular la ausencia de sentido. Ya sólo quedan simulacros.

“Antes de la colmena” es un alucinante relato lleno de imágenes y reflexiones inquietantes, que muestran una mente obsesionada por los límites y las posibilidades de pensar y percibir la realidad de una forma extrema; una prosa ácida que lo pone todo en cuestionamiento: los sistemas económicos, políticos e ideológicos; la tiranía de lo cotidiano y las convenciones, la forma de armar las nociones básicas con que habitamos la realidad. Una hiperconciencia que nos hace pensar sobre el papel del ser humano en un mundo “demasiado hecho”, y una defensa de la imaginación y de las potencias creativas frente al deterioro de la vida. Es también, mediante las aventuras de Eddie Hazel y su banda de inadaptados, un relato de la locura y las infinitas posibilidades que esta ofrece… Y en medio de esta espiral de destrucción, la música es lo único que todo lo reivindica.

Como un homenaje a Rosa Luxemburgo cien años después de su cobarde asesinato, Pável Granados escribe un emotivo ensayo que toca puntos esenciales de la gran teórica marxista: el papel fundamental de la Liga Espartaquista en la lucha obrera alemana, su brillante premonición en cuanto a la “mundialización del capitalismo”, y su influencia en la ideología anticapitalista de la actualidad. Granados ha trazado una de las pinturas más certeras de la revolucionaria polaca: “Rosa Luxemburgo, dicen, caminaba con gran seguridad: pequeñita, con su gran cabeza, su rostro serio, categórica al hablar, imponente como oradora. Y frágil, sin embargo. No lo era su convicción”.

A un siglo del brutal asesinato de Rosa Luxemburgo, “el Águila de la Revolución” según palabras de Lenin, publicamos un ensayo en torno a una de las pensadoras marxistas y revolucionarias más importantes de las primeras décadas del siglo XX europeo. La profundidad y pluralidad de sus escritos, su lucha por la “crítica libre y franca” a favor del movimiento obrero europeo, sus extraordinarias dotes de oradora, son algunos aspectos que resalta Daniel Orizaga en este lúcido homenaje.

El cine mexicano que ha abordado la extrema violencia que se vive en México desde hace varios sexenios, nos dice Luis Fernando Gallardo, ha sido un elemento esencial para romper el pacto de censura entre el gobierno y los medios de comunicación. Se trata de un tipo de cine que es a un tiempo arte, documento y denuncia, pues ha puesto en los ojos del mundo problemáticas como los muertos del narcotráfico, el drama de los migrantes o el horror de los feminicidios. Cintas como “El violín” (2005) de Francisco Vargas, “Las elegidas” (2015) de David Pablos, o “Tempestad” de Tatiana Huezo (2016), confirman lo que dice Gallardo: “La realidad es tan cruda que los artistas toman dictados de la realidad. No es necesario crear mundos”.

Nuestro discurso sobre la violencia hasta ahora ha sido elaborado exclusivamente en el lenguaje político. Sólo cabe pensar la violencia, o bien, como la ausencia de un Estado que nos proteja a los ciudadanos del caos, o bien, como el exceso de ese orden institucional que termina aplastando a quienes se supone debería resguardar. La violencia entendida de esta manera, se ha representado simbólicamente en las figuras bíblicas del Leviatán y de Behemoth. “Pero”, se pregunta Francisco Barrón, “¿se nos escapa alguna forma de violencia al quedar situados en este plano político?” Barrón propone la elaboración de un discurso estético de la violencia, que nos permita entenderla como el mantenimiento de las condiciones sensibles que reproducen cuerpos humanos a disposición de las pasiones de otros cuerpos humanos. Es decir, aquellas condiciones que posibilitan que unos cuerpos sean utilizados, desgastados y agotados para el goce desmedido de otros.

Roger Gilbert-Lecomte, poeta francés perteneciente al grupo artístico Le Grand Jeu, es una de las conciencias estéticas más radicales de las vanguardias europeas, y a la vez, un hombre con una vida extrema. Radiólogo, heroinómano, experimentó con diversos venenos con el propósito de perseguir la experiencia de la transformación, la búsqueda de la otredad por medio de la disolución. Gilbert-Lecomte es sin duda un místico moderno que llevó a sus extremos “el vértigo como una herramienta” de confrontar la realidad y hacerla estallar. La de Lecomte es una escritura como “luz incontrolada” e “inquietud quemante”, palabras concebidas más que para significar, para “despertar visiones”, nos dice Asael Soriano en un brillante ensayo.

¿Hay una cualidad especial en el suicidio de los filósofos a lo largo de la historia? ¿Es una muerte más? Francisco Barrón hace un paseo por suicidios de filósofos celebres (desde Sócrates, Séneca y Walter Benjamin, hasta pensadores como Guy Debord y André Gorz) con la intención de buscar patrones o un discurso que establezca un grado de “excepcionalidad” en estas muertes. De la desesperación a la tragedia, dice Barrón, hay un “sentido mayor” en estas muertes; “un esplendor y un estallido que seca la desgracia”, según Gilles Deleuze.

El libro de Octavio Solís, “Epifanía política. Del enamoramiento colectivo a la eficacia política”, es un tratado que investiga las causas en que emerge todo movimiento social: algo muy parecido al enamoramiento donde interviene la ideología, la praxis, pero también la fe. Al mismo tiempo, es un análisis del momento histórico que actualmente vive México (que pareciera experimentar esa suerte de epifanía), y es un llamado a refundar las izquierdas desde un análisis crítico de sus fracasos. En algún momento, dice Solís, las izquierdas deben llegar al poder y crear una memoria dese el triunfo.

El cine de Felipe Cazals se basa en una estética que busca mostrar de manera crítica problemáticas sociales del México del último medio siglo. “Cazals no hace panfletos: ejerce la denuncia”, nos dice Luis Fernando Gallardo en el presente ensayo donde hace una valoración general de la producción cinematográfica de uno de los grandes cineastas mexicanos. En cintas como “Canoa”, “El Apando” o “Bajo la metralla”, la exposición de una realidad cruda es la base para el desarrollo de un cine de gran ejecución artística y de alto valor documental.

“El principal legado de Carlos Pereyra (1940-1988), es la realización de una obra que se plantea siempre como intervención política”, nos dice Alfonso Vázquez de uno de los intelectuales que más contribuyó a la formación de la izquierda mexicana en la década de los setenta y ochenta. A sus aportes sobre el papel del sujeto de la historia, se suma una gran cantidad de artículos dispersos en publicaciones como La jornada, Siempre, Nexos y Cuadernos Políticos (de la cual fue fudador). Uno de los aportes fundamentales del pensamiento de Pereyra, añade Vázquez, es su crítica al marxismo, la falta de una discusión más amplia en torno al papel de la política en el espacio social (su repliegue al economicismo y a la visión sociológica de la lucha de clases), lo cual derivaría en un “radicalismo despolitizado”. La relectura de Pereyra es fundamental para los momentos que vivimos en México y en América latina.