Amanecer en transcurso es un proyecto fotográfico-literario de Mila Pálif y Leopoldo Lezama donde se teje la crónica visual de un amanecer. Es la paulatina desaparición de las sombras y un discurso que narra la sucesión de la luz hacia su esplendor máximo. Un ciclo donde el horizonte experimenta un nacimiento a partir de una rotura. Un inicio y un fin; una historia que cuenta el nacimiento del día.

Estas son historias autobiográficas y poemas con fantasía, cuyos resultados nos transportan a lugares que no necesitan “desambiguación” o explicación para volverse creíbles. El autor traza su trama, aclara recuerdos, combina experiencias de vida y presunción de muerte, porque, sí, Enrique Herrera coquetea con la muerte y va a la cita puntual, seductora, recurrente. Es un hilo común que nos lleva en cada historia a destinos inesperados.

Un hombre una noche llega de trabajar y ve a un individuo uniformado salir de su casa acomodándose la camisa, con todos los indicios de haber cometido adulterio. El hombre enfurece, interroga a su esposa (quien está vestida para la ocasión) y antes de cometer una locura, descubre detalles que ponen en duda los hechos. ¿Fue todo una alucinación? Esta magia la consigue Enrique Herrera con su magnífica pluma en apenas unas líneas.

Partiendo de la lectura de Samarcanda, novela del escritor Amin Maalouf, Pável Granados relata la asombrosa historia de los Rubaiyat, uno de los libros más importantes de la poesía de Oriente, cuya copia, según el relato de ficción, habría desaparecido con el hundimiento del Titanic. Granados sigue las huellas de la obra traducida por el erudito inglés Edward FitzgGerald en 1859, y su paso por México, donde gozó de la admiración y el estudio de poetas de la talla de José Juan Tablada, José Gorostiza y Alí Chumacero.

Un día, un hombre aparece en un hospital convertido en una mosca que deambula por las salas de los convalecientes. De esa forma, la mosca conoce la historia de don Ángel, un integrante de un trío de boleros quien en su agonía vive una situación embarazosa: un hijo hasta entonces desconocido llega a visitarlo ante el estupor de su familia. El presente relato de Enrique Herrera está lejos de ser una oscura fábula kafkiana; en cambio tenemos una historia profundamente humana, donde la compasión y la reconciliación son una alternativa en momentos en que la existencia se encuentra en situaciones límite. 

A través de la ordenación de las obras completas de Amado Nervo, Alfonso Reyes revela secretos de sí mismo dispersos en notas, comentarios y resúmenes en torno al gran poeta mexicano. En el presente ensayo, Pável Granados aborda la tarea del Reyes editor, pero también reflexiona sobre el misterio que encierra el proceso que recorre todo escritor en la recopilación de sus obras completas. Es un paseo por los sueños, los delirios, las pasiones y el gran proyecto que funde vida y obra en todo escritor.

Huberto Batis fue testigo de la evolución de la literatura mexicana desde los años cincuenta cuando llegó a la Ciudad de México con tentativas académicas y literarias: el Centro Mexicano de Escritores, el Colegio de México y la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad Nacional. Sin embargo, el recorrido de Batis alcanzó muchas de las instituciones y casas editoriales fundamentales en la vida cultural del país: el Instituto Nacional de Bellas Artes, el Fondo de Cultura Económica, la Imprenta universitaria; de igual forma es esencial su trabajo en revistas y suplementos culturales: Revista Mexicana de Literatura, Cuadernos del Viento, Novedades, El Heraldo, El Universal y sobre todo, Sábado, suplemento cultural del diario Uno más uno que dirigió, y que impulsó a muchas de las mejores plumas de las letras mexicanas de hoy en día.

Bajo la formidable pluma de Pável Granados, Dorothy, el personaje de El Mago de Oz, ha logrado desenvolver su mundo interior, desde su enojo porque sus zapatillas han sido robadas del museo de Minnesota, hasta sus ideas supremacistas, encarnadas en su desprecio a Calibán, el célebre esclavo de La Tempestad de William Shakespeare. La representación de lo ficticio visto a través de la intimidad de un personaje y la idea de que los prototipos terminan donde comienza una visión del mundo, aparece aquí, en una excepcional pieza literaria.

Sandro Cohen fue uno de los editores, poetas y traductores mexicanos (nacido en New Jersey) más importantes de las últimas décadas. Su libro “Redacción sin dolor” es un clásico para los estudiantes de lengua y literatura castellana. Es recordado también por fundar la Editorial Colibri, y por impulsar la célebre Generación del Crack, que dio a conocer a escritores como Jorge Volpi, Ignacio Padilla, Eloy Urroz y Vicente Errasti, entre otros.

Las voces se entrecruzan, suben como una espuma convertida en parvada de sueños. En el sueño todo danza y todo se entrevera. Las formas se diluyen, los colores transmutan en objetos sólidos. Grafías vociferantes, mares rocosos extendiéndose hacia el firmamento como un ave salina. Y entre el torrente de voces, Natalia González Gottdiener se alza como un director de orquesta de mil vientos. Entonces la poesía emerge del núcleo de un volcán de fuegos múltiples.

En su exilio en la isla de Guernsey situada en el Canal de la Mancha, Victor Hugo escribió Los miserables (1862) y una obra menos conocida pero fascinante, Los trabajadores del mar (1866), donde el novelista francés desarrolla una deslumbrante idea del ser humano y sus enigmas. El encuentro del hombre y la naturaleza (y con otros seres), el abismo casi insondable que esto significa, aparece aquí en todo su esplendor: “El desvarío, que es el pensamiento en estado de nebulosa, confina con el sueño y halla en éste su frontera. El organismo material humano, sobre el que pesa una columna atmosférica de quince leguas de altura, se fatiga por la noche, cae rendido, se acuesta y reposa. Los ojos de la carne se cierran. Entonces, en aquella cabeza aletargada, menos inerte de lo que se cree, otros ojos se abren. Lo desconocido aparece. Las cosas sombrías del mundo ignorado se acercan al hombre, sea que exista con él comunicación verdadera, sea que las distancias del abismo tengan una grandeza visionaria, parece que los vivos indistintos del espacio vienen a mirarnos, que tienen curiosidad por nosotros, los vivos terrestres”.

Muchas fueron las áreas del saber que abarcó el interés de Antonio Alatorre. Fue un hombre con la voracidad intelectual de un pensador del Renacimiento, que además, no eligió obras menores para desarrollar su trabajo. Alatorre tuvo el atino de traducir obras amplias, que ya eran, o con el paso del tiempo se convirtieron en clásicos del pensamiento contemporáneo. Esto le da a Alatorre cierto halo de monumento intelectual, a pesar de que en persona fue un hombre extraordinariamente sencillo y sin el más mínimo interés de brillar. Al igual que la monja jerónima Sor Juana Inés (su guía espiritual, punta altiva, excenta siempre, siempre rutilante) la enormidad de Antonio Alatorre, su inquietud de saber fue legítima, portentosa en el ansia por escalar aquellos faroles sacros de perenne llama que irradia el conocimiento universal.