Rey Mono, un admirable relato del siglo XVI chino, es una de las obras más fascinantes de la literatura universal, donde se conjuga la novela de aventuras, la filosofía del Tao y el budismo, la alquimia y las mitologías orientales, todo construido bajo un alucinante lenguaje poético. La peregrinación del monje Tripitaka a la India acompañado de tres mágicos discípulos en busca de las antiguas escrituras del budismo, es el tema de esta obra monumental, que hoy llega a nuestro país traducido magistralmente por Wendolín Perla.

La gran novela de Virginia Woolf publicada en 1928, es revisada con lucidez y deslumbramiento por Pável Granados, quien hace un reconocimiento a la gran autora inglesa que sublimó el poder de la sexualidad y sensibilidad femenina a través de la construcción de Orlando, un personaje memorable en la historia de la literatura. Sátira del género autobiográfico, de la figura del escritor masculino y de los propios valores de la sociedad inglesa de los últimos cuatro siglos, en el Orlando de Virginia Woolf, dice Granados: “Todo está puesto como por descuido y de manera natural para que la vida de Orlando pase con suavidad por entre las épocas”

El presente es un relato insólito dentro de las historias que rodean al mítico editor mexicano Huberto Batis: se trata de un paseo por el cementerio Veinte de Noviembre, al sur de la Ciudad de México, capturado de manera formidable por la fotógrafa Moramay Herrera Kuri. En este extraño recorrido, entre sugestivas historias de difuntos, Batis contó un sueño donde describe el encuentro con su propia tumba.

Ante la preponderancia de un discurso basado en nacionalismos ficticios; ante la elaboración de una historia oficial elaborada bajo el interés de justificar una ideología dominante, Sergio Osorio propone una enseñanza de la historia que fomente un sentido de pertenencia tomando en cuenta la herencia de la memoria colectiva y una identidad del individuo con su comunidad. Una historia “viva, renovada y crítica”, que se nutra a partir de la multiculturalidad, las diferencias ideológicas y el sentido de la justicia social.

Una vieja casa llena de gatos que perteneció a un poeta del siglo XIX, es el mayor miedo de un hombre, que ha descubierto que aquellos gatos ¡hablan! ¿Estamos ante un cuadro de locura o ante un evento fantástico? “Pero sé que los gatos de esa casa hablan; los he escuchado en otras ocasiones y ni siquiera tengo la satisfacción de decir que me han revelado algo de lo mucho que han de saber. Me dicen sólo lo necesario para angustiarme: un saludo, una frase suelta”.

Es en Mazatlán, Sinaloa, donde comienza su carrera literaria una de las cumbres del modernismo hispanoamericano: Amado Nervo. Parte importante de esa primera obra, nos dice Pável Granados, la escribió en “la crónica semanal, en la narración de los bailes, las serenatas, las escenas cotidianas, la disciplina de consignar frases corrientes, la vida de las calles”. Al tiempo que arroja luz a una etapa no muy conocida de la obra de Nervo, Granados rescata la tradición musical mazatleca de entonces, y sus representantes y géneros célebres, como el vals, “primer baile de pareja, lo que permitía a un galán murmurar palabras al oído de su enamorada mientras la tomaba por el talle”.

En la presente selección poética, Josué Ramírez (Ciudad de México, 1963), entreteje un diálogo íntimo con la tradición poética castellana, desde el sueño radiante de Sor Juana Inés, las rimas imposibles de Ramón López Velarde, y un memorable encuentro con el poeta Gonzalo Rojas una tarde soleada de 1996. Josué Ramírez es una sensibilidad que despierta en medio de la llamarada negra que consume a los seres humanos, con la consigna de enfrentar las sombras. Una celebración al privilegio de estar vivos y un dejarse encantar nuevamente por el árbol, el colibrí y el vaso de agua. Es un poeta que se sumerge en las amarguras del mundo, para, al final del trayecto, proponer una luminosidad nueva: la bondad y la poesía.

“Vivir entre las páginas de un libro es vivir en un laberinto”, nos dice Pável Granados en esta excelente reseña de “Jorge Luis Borges”, libro de José Emilio Pacheco, que contiene las conferencias que pronunció el poeta mexicano en el Colegio Nacional con motivo del centenario del narrador argentino. Se trata de un homenaje a Borges por el autor de “Las batallas en el desierto”, pero a su vez, un reconocimiento de Pável Granados a José Emilio Pacheco: “el autor que elige minucias aparentes para confeccionar sentidos más amplios”. “Pacheco viaja por el laberinto que fue Borges: especula en torno a las circunstancias que dieron como resultado una literatura que llamamos Borges.”

Alejandra Trazos plantea el viaje como el encuentro con una realidad alucinada. Sus dibujos eléctricos, vertiginosos, nos hacen partícipes de esos lugares fascinantes que se despliegan ante su mirada. Nom Pen, la insólita capital camboyana, aparece con sus tonos ocre radiante, sus mercados de pescado, y sus calles, carnaval de motonetas que desfilan hacia un cielo impreso de purpúreo infinito. En estos dibujos queda esa sensación “sabiamente caótica” que, según Jorge Luis Borges, deja todo viaje. Es el delirio de la percepción concibiendo un nuevo paisaje.

“Conforme ha pasado el tiempo se tiende a ver el libro menos como un objeto, y más como una sustancia inmaterial que se vierte en un odre más o menos perdurable, más o menos costoso. Sin embargo, hablar de libro es una actividad, hoy, propia de seres nostálgicos que pretenden apresar entre las manos un objeto”. En la presente reseña, Pável Granados hace una lúcida lectura sobre Die Kurt F. Gödel Bibliothek, libro de ensayos que es un homenaje a la obra del artista Emilio Chapela, “W. Untitled Die Kurt F. Gödel Bibliothek”; un gran librero ficticio lleno de bloques de madera que simulan ser libros. A partir de este cruce interdisciplinario, Pável Granados reflexiona sobre el libro y su naturaleza que oscila entre la experiencia intelectual, el fetiche y un montón de papeles invadidos por amenazantes insectos.

“El alma se muestra a través de sus muros”, dice Aldous Huxley en torno al rostro, es decir, que en él no únicamente se percibe la geografía expresiva exterior de una persona, sino que también se halla el rastro de su ser profundo. Esta idea la persigue Sebastián Coutiño en sus dibujos; trazos que son el asentamiento de una superficie, pero más aún, una excavación en busca de un significado, como quien busca un espejo debajo de un río. Es la materialización de una forma, y al mismo tiempo, el bosquejo de un camino posible: la ruta hacia el ser propio. Por eso Coutiño cuando piensa en la pintura no se detiene a hablar sólo de técnica, y prefiere enfatizar ese “instante de eternidad como expresión continua del alma”, comprendiendo que un trazo sobre el papel tiene como responsabilidad última la fijación de una presencia en el tiempo.

En los cuentos de Sergio Osorio (Estado de México, 1981), la fragilidad de la vida cotidiana se quiebra, dejando al descubierto los abismos de las relaciones humanas. En la presente antología, se aprecia un narrador de una luminosidad que, en su intento de alcanzar las frías periferias de sus propios recuerdos, deviene en sombra: casas cubiertas de humedad, “porque el sol no toca sus muros”; niños que padecen su soledad en medio de ambientes hostiles, o aquella mujer que no puede cuidar a sus hijos porque la depresión la tienen postrada en la cama. Sin embargo, este resplandor alcanza lugares del espíritu humano, que por su complejidad a menudo son inaccesibles. Se trata de un viaje por los subsuelos de esa normalidad de la vida ordinaria, que un día, sin previo aviso, nos enseña que todo es un engaño.