En su exilio en la isla de Guernsey situada en el Canal de la Mancha, Victor Hugo escribió Los miserables (1862) y una obra menos conocida pero fascinante, Los trabajadores del mar (1866), donde el novelista francés desarrolla una deslumbrante idea del ser humano y sus enigmas. El encuentro del hombre y la naturaleza (y con otros seres), el abismo casi insondable que esto significa, aparece aquí en todo su esplendor: “El desvarío, que es el pensamiento en estado de nebulosa, confina con el sueño y halla en éste su frontera. El organismo material humano, sobre el que pesa una columna atmosférica de quince leguas de altura, se fatiga por la noche, cae rendido, se acuesta y reposa. Los ojos de la carne se cierran. Entonces, en aquella cabeza aletargada, menos inerte de lo que se cree, otros ojos se abren. Lo desconocido aparece. Las cosas sombrías del mundo ignorado se acercan al hombre, sea que exista con él comunicación verdadera, sea que las distancias del abismo tengan una grandeza visionaria, parece que los vivos indistintos del espacio vienen a mirarnos, que tienen curiosidad por nosotros, los vivos terrestres”.

Muchas fueron las áreas del saber que abarcó el interés de Antonio Alatorre. Fue un hombre con la voracidad intelectual de un pensador del Renacimiento, que además, no eligió obras menores para desarrollar su trabajo. Alatorre tuvo el atino de traducir obras amplias, que ya eran, o con el paso del tiempo se convirtieron en clásicos del pensamiento contemporáneo. Esto le da a Alatorre cierto halo de monumento intelectual, a pesar de que en persona fue un hombre extraordinariamente sencillo y sin el más mínimo interés de brillar. Al igual que la monja jerónima Sor Juana Inés (su guía espiritual, punta altiva, excenta siempre, siempre rutilante) la enormidad de Antonio Alatorre, su inquietud de saber fue legítima, portentosa en el ansia por escalar aquellos faroles sacros de perenne llama que irradia el conocimiento universal.  

En estos tres poemas de Rasha Awale (Jordania, 1985), la inocencia y el amor absoluto (atroz y sublime), van ganando terreno en una búsqueda poética que ahonda en ese doble infortunio que marca la vida de los seres humanos: el del mundo y sus desastres, y el su propio espíritu, a un tiempo puro y destructivo. La de Rasha es una sensibilidad que destella lo mismo ante la atrocidad de la guerra, que ante la emoción de una niña que esconde sus dulces debajo de la cama. De ella ha dicho Agustín Cadena, a quien debemos la traducción de estos extraordinarios poemas: “Rasha Awale viene de una estirpe marcada por el combate, el dolor y la pérdida. Por eso le preocupa lo que ocurre en este atribulado mundo y escribe sobre eso. Y por eso trata de hacer algo para reducir aunque sea un poco la cantidad de dolor que se respira”.

Rey Mono, un admirable relato del siglo XVI chino, es una de las obras más fascinantes de la literatura universal, donde se conjuga la novela de aventuras, la filosofía del Tao y el budismo, la alquimia y las mitologías orientales, todo construido bajo un alucinante lenguaje poético. La peregrinación del monje Tripitaka a la India acompañado de tres mágicos discípulos en busca de las antiguas escrituras del budismo, es el tema de esta obra monumental, que hoy llega a nuestro país traducido magistralmente por Wendolín Perla.

La gran novela de Virginia Woolf publicada en 1928, es revisada con lucidez y deslumbramiento por Pável Granados, quien hace un reconocimiento a la gran autora inglesa que sublimó el poder de la sexualidad y sensibilidad femenina a través de la construcción de Orlando, un personaje memorable en la historia de la literatura. Sátira del género autobiográfico, de la figura del escritor masculino y de los propios valores de la sociedad inglesa de los últimos cuatro siglos, en el Orlando de Virginia Woolf, dice Granados: “Todo está puesto como por descuido y de manera natural para que la vida de Orlando pase con suavidad por entre las épocas”

El presente es un relato insólito dentro de las historias que rodean al mítico editor mexicano Huberto Batis: se trata de un paseo por el cementerio Veinte de Noviembre, al sur de la Ciudad de México, capturado de manera formidable por la fotógrafa Moramay Herrera Kuri. En este extraño recorrido, entre sugestivas historias de difuntos, Batis contó un sueño donde describe el encuentro con su propia tumba.

Ante la preponderancia de un discurso basado en nacionalismos ficticios; ante la elaboración de una historia oficial elaborada bajo el interés de justificar una ideología dominante, Sergio Osorio propone una enseñanza de la historia que fomente un sentido de pertenencia tomando en cuenta la herencia de la memoria colectiva y una identidad del individuo con su comunidad. Una historia “viva, renovada y crítica”, que se nutra a partir de la multiculturalidad, las diferencias ideológicas y el sentido de la justicia social.

Una vieja casa llena de gatos que perteneció a un poeta del siglo XIX, es el mayor miedo de un hombre, que ha descubierto que aquellos gatos ¡hablan! ¿Estamos ante un cuadro de locura o ante un evento fantástico? “Pero sé que los gatos de esa casa hablan; los he escuchado en otras ocasiones y ni siquiera tengo la satisfacción de decir que me han revelado algo de lo mucho que han de saber. Me dicen sólo lo necesario para angustiarme: un saludo, una frase suelta”.

Es en Mazatlán, Sinaloa, donde comienza su carrera literaria una de las cumbres del modernismo hispanoamericano: Amado Nervo. Parte importante de esa primera obra, nos dice Pável Granados, la escribió en “la crónica semanal, en la narración de los bailes, las serenatas, las escenas cotidianas, la disciplina de consignar frases corrientes, la vida de las calles”. Al tiempo que arroja luz a una etapa no muy conocida de la obra de Nervo, Granados rescata la tradición musical mazatleca de entonces, y sus representantes y géneros célebres, como el vals, “primer baile de pareja, lo que permitía a un galán murmurar palabras al oído de su enamorada mientras la tomaba por el talle”.

En la presente selección poética, Josué Ramírez (Ciudad de México, 1963), entreteje un diálogo íntimo con la tradición poética castellana, desde el sueño radiante de Sor Juana Inés, las rimas imposibles de Ramón López Velarde, y un memorable encuentro con el poeta Gonzalo Rojas una tarde soleada de 1996. Josué Ramírez es una sensibilidad que despierta en medio de la llamarada negra que consume a los seres humanos, con la consigna de enfrentar las sombras. Una celebración al privilegio de estar vivos y un dejarse encantar nuevamente por el árbol, el colibrí y el vaso de agua. Es un poeta que se sumerge en las amarguras del mundo, para, al final del trayecto, proponer una luminosidad nueva: la bondad y la poesía.

“Vivir entre las páginas de un libro es vivir en un laberinto”, nos dice Pável Granados en esta excelente reseña de “Jorge Luis Borges”, libro de José Emilio Pacheco, que contiene las conferencias que pronunció el poeta mexicano en el Colegio Nacional con motivo del centenario del narrador argentino. Se trata de un homenaje a Borges por el autor de “Las batallas en el desierto”, pero a su vez, un reconocimiento de Pável Granados a José Emilio Pacheco: “el autor que elige minucias aparentes para confeccionar sentidos más amplios”. “Pacheco viaja por el laberinto que fue Borges: especula en torno a las circunstancias que dieron como resultado una literatura que llamamos Borges.”

Alejandra Trazos plantea el viaje como el encuentro con una realidad alucinada. Sus dibujos eléctricos, vertiginosos, nos hacen partícipes de esos lugares fascinantes que se despliegan ante su mirada. Nom Pen, la insólita capital camboyana, aparece con sus tonos ocre radiante, sus mercados de pescado, y sus calles, carnaval de motonetas que desfilan hacia un cielo impreso de purpúreo infinito. En estos dibujos queda esa sensación “sabiamente caótica” que, según Jorge Luis Borges, deja todo viaje. Es el delirio de la percepción concibiendo un nuevo paisaje.