A la una y cuarto, un crujido sordo debajo de la tierra se levantó con furia y cimbró las paredes de la casa. “Está temblando fuerte”, me dice mi madre.  Salimos corriendo a la calle. La alarma suena tarde. Pero el pánico ya se ha apoderado de todos. Pienso en mi hijo que está en su escuela en Santa María la Ribera, en un edificio viejo. Pienso que hoy es 19 de septiembre. Todo parece una pesadilla. Los árboles se sacuden con fuerza. Todos nos miramos incrédulos. Los vecinos gritan, los autos se detienen porque el movimiento es agresivo, como si la tierra brincara. Un momento después todo termina y entro corriendo para tratar de comunicarme con la madre de mi hijo. Ella me responde llorando; trabaja en una agencia de publcidad cerca del Teatro Insurgentes: “Aquí todo es un caos. Hay incendios y vidrios rotos por todas partes. Todo está detenido. Voy a tratar de llegar caminando a la escuela de Nicolás”.  Le digo que se calme, que todo va a estar bien. Se va la luz. Enciendo la radio en un celular viejo que tengo con pila. Los locutores presentan un panorama siniestro: edificios caídos en la colonia Roma, en la del Valle, en Chimalpopoca, en la Condesa… en Tlalpan se cayó una primaria y hay niños atrapados. Siento una profunda angustia y no sé qué hacer. Llamo por teléfono. Todas las líneas caídas. Entonces enciendo la laptop. Ahí la sociedad comienza a organizarse.
Leopoldo Lezama

La urgencia por dinero hace miserable a la gran mayoría de los seres humanos. Tengan mucho o nada, sus vidas están calificadas y cualificadas sobre la base infranqueable de cuánto de lo que hacen puede hacerse visible con respecto a lo material.  Si alguna tentativa artística o intelectual había en estos sujetos, se ve rápidamente subordinada al valor monetario. Pocos son quienes en su conformación interna tienen el tamaño para suplantar la presión económica por otro tipo de sustentos. Los vagabundos deberían ser promovidos a santos modernos. La mayoría toma el camino directo al buró a riesgo de parecer un fracasado.

A la vez que ninfómana soy adicta al café. He creado amables mecanismos para llenar mis múltiples vacíos, supongo. Pero para las almas lúcidas, el exceso de sexo no suplirá jamás esa dicha tensa, esa voluptuosa asfixia que oprime mis sienes como el más lúbrico de los cuerpos.  La generosidad del café no lo da el más hábil de los miembros viriles.
Natalia Neumann

A lo largo de casi nueve décadas, el Fondo de Cultura Económica ha detenido el tiempo para recuperar los instantes en que se ha formado el pensamiento contemporáneo. La revisión crítica de la historia, el análisis filosófico, la investigación y el rescate de las culturas antiguas, la elaboración de estudios sobre el comportamiento de las sociedades, la divulgación de admirables obras literarias, son tareas que esta casa ha realizado. Ha reunido con criterio impecable las diversas manifestaciones de una comunidad creativa, ha abierto el aula universitaria para los lectores en castellano, ha sido la academia que por décadas viene diseñando el coloso imaginario de la América hispana. Breviarios es una de las mejores colecciones que ofrecen un amplio panorama de la cultura universal; la Gaceta es una de las más notables publicaciones periódicas nacionales; Letras Mexicanas ha publicado varias de nuestras obras mayores; aquí están los libros de nuestros grandes poetas: Sor Juana Inés, Ramón López Velarde, Octavio Paz, Xavier Villaurrutia, Gilberto Owen, Jorge Cuesta, Enrique González Martínez, Rubén Bonifaz Nuño, Efraín Huerta, Marco Antonio Montes de Oca, Tomás Segovia, José Emilio Pacheco, José Gorostiza; aquí Alfonso Reyes dejó una de las obras capitales del siglo xx, Juan José Arreola instauró una manera de hacer cuento con su Confabulario, y en septiembre de 1954, Juan Rulfo entró a la oficina de Alí Chumacero con 127 cuartillas mecanografiadas de una de las novelas más bellas escritas en castellano: Pedro Páramo.
Leopoldo Lezama

Cuando en las discusiones sobre el sentido y la finalidad de la enseñanza de la filosofía y de las humanidades en el nivel medio superior del sistema educativo nacional se utilizan las expresiones “bachillerato mexicano” o “enseñanza media mexicana”, lo se que genera de principio, por decir lo menos, son efectos discursivos y conceptuales indeseables. Se ocultan las múltiples tradiciones e historias que conformarían las humanidades y la filosofía en México. Se oculta el carácter institucional de esas historias. Se ocultan las discusiones y conflictos conceptuales sobre la enseñanza de la filosofía y las humanidades en México.

Se privilegia una historia dominante y se la vuelve hegemónica: la de la historia de la filosofía y las humanidades vinculadas a la Universidad Nacional Autónoma de México. Se pone una cosa por otra, una parte por el todo. Se regresa a una caracterización tópica –como un conjunto de disciplinas académicas que se ejercen en instituciones de educación superior relacionadas con la comprensión del ser humano y sus afanes; como cultivo de la humanidad– inservible para discutir y pensar las humanidades específicas para la educación media superior (EMS) mexicana.
Francisco Barrón