El espacio digital: el futuro del conocimiento

Fotografía. Amira Baltézar. Fotografía. Amira Baltézar.

Entrevista con Ernesto Priani

Por Dante Enríquez

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Ernesto Priani Saisó es Doctor en Filosofía por la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad Nacional Autónoma de México y Vicepresidente de la Red de Humanistas Digitales. Es autor de Magia y hermetismo (Azul editorial, Barcelona, 1999), El libro del placer (Azul editorial, Barcelona, 1999), De espíritus y fantasmas. Teoría de la sensibilidad y ética en el Renacimiento (Edere, México, 2003)además de coordinador de volúmenes relativos a el arte en el Renacimiento y al pensamiento de Giovanni Pico Della Mirandola. Es especialista en filosofía medieval y renacentista, fundó el Grupo Académico Marsilio Ficino y dirige el Seminario Permanente de Traducción de Textos Renacentistas. Actualmente, parte de su trabajo se concentra en la divulgación del pensamiento en formato digital con espacios como Ráfagas de pensamiento.

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¿Qué nos podrías decir en torno a la situación y relevancia por ejemplo, de las humanidades digitales, de la filosofía y de sus problemáticas en relación a su lugar y difusión en la actualidad?

Yo empezaría diciendo que, creo que para nadie es un secreto que algo está pasando con las humanidades, y cuando digo que algo está pasando con las humanidades, lo que quiero decir es, que hay una discusión en torno a su supervivencia en este mundo contemporáneo. Y esto se debe en buena medida a que, de afuera hacia adentro, es decir, de afuera de la filosofía hacia adentro de la filosofía no hay tanto un discurso antifilosófico, como una serie de acciones específicas que merman o que, dentro de las comunidades filosóficas, se percibe que merman la misma actividad filosófica. Es recurrente, por ejemplo, en colegas españoles, escuchar que hay como pasos muy específicos: fusión de facultades, disminución de la matrícula, como elementos específicos de ataque. Algo semejante ocurre en el mundo anglosajón donde, también, efectivamente, hay acciones específicas, pero no hay un discurso contra la filosofía. En México ocurre algo semejante a una escala quizás menos significativa, porque, por ejemplo, sigue habiendo muchas clases para alumnos, sigue habiendo becas para alumnos de posgrado para estudiar filosofía, en fin, pero ciertamente cuando uno revisa las prioridades del CONACYT, cuando uno revisa las políticas de las universidades, normalmente la filosofía no figura, no es relevante, no es significativa y hay acciones específicas que evidentemente merman la actividad filosófica.

Priani afirma que afuera de los círculos filosóficos lo que existe es una discusión con la ciencia y con la tecnología, de qué papel tienen las humanidades en su conjunto y qué herramientas ofrecen dentro del tipo de conocimientos que hoy exige el mundo.

Lo que ha pasado con las letras es que, por un lado, la literatura se ha convertido en un elemento más del mundo del espectáculo, ¿no?, y se ha perdido, digamos, ese lugar que tenía dentro de la formación de la cultura de una persona. Es decir, sería interesante en algún punto preguntarse, ¿qué se espera de una persona culta en la actualidad? Y vas a darte cuenta que, en realidad, literatura, cine y música, filosofía, historia, pues sí forman parte como de un espacio mínimo. Y se espera que sepa matemáticas, se espera que sepa español y no otras cosas, es decir, se espera que domine ciertos instrumentos, que contemple ciertas cosas, que conozca ciertos principios y no mucho más, ¿no? Entonces, en esa coyuntura me parece que estamos, está pasándole algo a las humanidades.

Es un hecho, subraya el filósofo, que en el contexto actual, las humanidades están sufriendo una transformación, y trata de elaborar los cuestionamientos adecuados para ubicar cuál es hoy en día el lugar que la filosofía tiene en la sociedad.

Digamos que la tendencia general dentro de la filosofía, ha sido decir: la filosofía es, y las humanidades por extensión (hay una cosa de arrogancia filosófica ahí, que piensan que los filósofos somos ah, ya sabes, ¿no?) Pero la idea es decir: sí valemos, sí queremos, nosotros sí somos. Y lo que más me preocupa es que estamos ante una defensa disciplinar que lo que trata es de defender una tradición, o sea, un modo de hacer las cosas y que por lo tanto, no está oyendo, no está escuchando. A mí, y lo puedo decir con toda claridad, la puntada esta de querer volver un derecho la filosofía —la verdad es que yo siempre pensé que era un chiste—, o sea ya en este mundo en el que todos quieren que sea un derecho, desde el internet hasta la filosofía, es una puntada y me parece que no ven lo que hay ahí. Si tú logras que la filosofía sea un derecho dentro de una Constitución, o sea, ¿de veras vamos a reglamentar la filosofía, le vamos a dar una estructura jurídica a la filosofía, de cómo se alcanza, se logra y se construye ese derecho? A mí me parece que es una tontería, que lo que hace, es estar defendiendo una posición disciplinar radical, ¿no?, de: “lo que necesitamos es darle trabajo a los filósofos, la única manera de darle trabajo a los filósofos es que se siga dando filosofía y que se siga dando filosofía como se ha dado siempre”. Es decir, no están escuchando, ¿qué no están escuchando? La filosofía ya no puede ser lo que era, punto. Ya no podemos ser Vasconcelos.

 

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Fotogafía. Amira Baltézar

Piensa Priani que la filosofía sobrevivirá con “otros nombres, formas y prácticas”, porque es una actividad que el ser humano desarrolla naturalmente para fomentar “la reflexión teórica acerca de sus propias actividades” y al mismo tiempo, emprender la búsqueda de estrategias para estar más cerca de la sociedad.

El problema es, ¿cómo entonces responder a esto?, ¿cómo respondes a esto? ¿Únicamente afirmando lo que ha venido ocurriendo en los últimos cien años? O pensando que, a lo mejor, es un llamado a hacer las cosas de otro modo, a construir otras banderas filosóficas, a construir otras movilizaciones filosóficas, entonces, otra pedagogía, otra forma de enseñanza, otra forma de escritura, otra forma de articulación. Me parece que, desde mi punto de vista, yo lo que escucho es: lo que le ofrecemos hoy a la sociedad como filósofos, no le interesa a la sociedad. O sea, ¿le estamos echando la culpa a la sociedad de que nos está marginando? Y no le estamos respondiendo, diciendo: nosotros tenemos la suficiente capacidad de escuchar y de entender, para poder responder. ¡No, exigimos un derecho!, lo que es igual que cualquier otro grupo de presión política en México, que lo que hace es exigir que se le reconozcan sus derechos y no aceptar que estamos en un proceso de transformación y que es una enorme posibilidad.

¿Entonces qué hacer para la subsistencia de la filosofía y para posibilitar un mayor contacto con la sociedad? Priani habla de la necesidad de difusión. 

Hay algo que la ciencia hizo bien desde hace mucho tiempo, la ciencia en alguna coyuntura, se dio cuenta que su única forma de conseguir fondos, sobrevivencia, etcétera, es que la gente entendiera qué hacían. Porque, nosotros hoy, sin entender un carámbano de lo que es el Bosón de Higgs, hablamos del Bosón de Higgs y tú puedes hablar con mucha gente acerca de cuestiones científicas de las que, probablemente, no puedan explicar nada, pero lo saben. ¿Y por qué lo saben?, porque los científicos decidieron que parte de su estrategia para hacer ciencia, era comunicarla, cosa que ha sido ignorada durante un siglo por las humanidades. Las humanidades decidieron —muy arrogantemente desde mi punto de vista— que bastaba con que ellos siguieran haciendo lo que hacían, para que todo mundo entendiera de qué se trataba, es decir, que tú puedes llegar a Heidegger, así, de la nada, un día, ¿no? Y que no había manera o necesidad de comunicar lo que estabas haciendo. Entonces vamos tarde un siglo.

Sin embargo, admite el filósofo, hoy comienzan a verse grupos que están “comunicando la filosofía”, como parte de proyectos de divulgación en muchas partes del mundo y también al interior de la Universidad Nacional.

Hay un grupo estadounidense que hace entrevistas que se llama “phylosophy bites”, y hay otro que se llama “phylosophy talks”, o sea, hay un buen número de gente que está empezando a hacerlo. En nuestra universidad, en la Universidad Nacional Autónoma de México hay una Dirección General de Difusión de la Ciencia y hay una Coordinación de Difusión de la Cultura. La creación de la Coordinación de Humanidades, es relativamente reciente y aunque en sus funciones está la divulgación, nunca había sido prioridad; lo está empezando a ser, lo cual es muy bueno, pero, de nueva cuenta, es algo que está empezando a pasar ahora, que debió de haber pasado antes y que es muy importante que se haga institucionalmente. Y en la Facultad de Filosofía y Letras está empezando a haber muchos grupos de estudiantes interesados en la divulgación de la filosofía, lo cual es fantástico. Esa es una respuesta. Tenemos que comunicar, la gente no tiene por qué saber que la filosofía es interesante, fantástica, súper apasionada, genial, ¿no? Tenemos que involucrarlos en ella, no sé si lo estemos logrando, pero, lo que sí es manifiesto, es que ante esta terrible disyuntiva, incluso el propio grupo que ha planteado la cuestión del derecho, también ha adoptado la bandera de la divulgación, con la cual, yo estoy absolutamente a favor. Me parece que la respuesta va más por este lado que por el otro, pero me parece sumamente importante que también ellos estén participando de ésta, que me parece, ya es una tendencia.

Añade Priani que este gran movimiento de divulgación está vinculado íntimamente con el auge de los medios electrónicos. En este rubro es uno de los filósofos más importantes del habla hispana. 

Yo abogo por unas humanidades digitales y hay una especie como de controversia en países donde las humanidades digitales se han desarrollado más, entre una forma tradicional de humanidades y una forma no tradicional, que son las humanidades digitales. A mí me parece que es una falsa controversia, en el sentido de que, no tendría por qué seguir habiendo una forma tradicional frente a una forma novedosa, es simple y sencillamente incorporar nuevos instrumentos para una actividad que hemos venido haciendo siempre, pero quizás para darle una dinámica diferente a la que tiene.

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Fotografía. Amira Baltézar

Priani vaticina que el futuro inmediato del libro y la transmisión del conocimiento está en los medios digitales.

Hoy estamos explotando los nuevos medios electrónicos y eso me parece que plantea, ahí, una nueva disyuntiva. Yo tengo colegas contemporáneos que siguen publicando libros y que siguen pensando que el modo de comunicación y el producto final de la filosofía son los libros. Muy bien, yo no tengo ninguna objeción con eso, salvo, que es una forma viejita de hacer las cosas. Porque el destino de esos libros, va a ser convertirse en objetos digitales, si es que quieran que sean leídos. Y entonces, ¿por qué no estamos aprovechando de manera completa los medios digitales? Los medios digitales hay que entenderlos, hay que saberlos usar y me parece que vamos tarde también en explicarle a los alumnos que no sólo son canales de comunicación que hay que aprende a manejar, sino que son herramientas para reflexionar. Que se puede reflexionar usando esas herramientas y que una reflexión que se produce con esas herramientas es una reflexión diferente que va orientada a otras partes y que incorpora otras cosas.

Prani señala que no únicamente estamos ante una herramienta de transmisión del conocimiento, sino ante una oportunidad de romper con viejos esquemas de producción de pensamiento.

¿La filosofía sólo y únicamente tiene que ser individual? ¿No puede ser una obra colectiva, no hay formas de trabajar colectivamente el pensamiento? Me parece que es uno de los problemas que se derivan de utilizar una serie de herramientas digitales, que tienes que incorporar a otras gentes y a otros instrumentos para introducir en el pensamiento. Yo tengo la experiencia además de hacer Ráfagas de pensamiento, proyecto que hacemos dos filósofos (el productor, Ignacio Bazán, está formado como filósofo). Entonces yo tiro el rollo a partir de un texto filosófico y Nacho Bazán comenta el texto, lo que yo anteriormente abordé con sonidos, con música, incluso con cosas que dicen personajes en la televisión. Y es interesante porque es un producto que no es mío, es un producto que es de ambos, es una cosa integrada y entonces uno se pregunta si el futuro de la filosofía no tiende o tendría que ir integrando comunidades de filósofos y de no filósofos, de humanistas en general.

En este punto, introducimos la obra de Slavoj Žižek y su aporte filosófico al cine, como un ejemplo de multidisciplinariedad y de campos de conocimiento que se retroalimentan para lograr nuevas maneras de comunicación.

Žižek es alguien que ha sabido utilizar todas las cosas modernas para comunicar filosofía a todo el mundo. Hay una definición de la filosofía que da en una cama, estando él acostado que es muy divertida, o sea, él ha sabido convertirse en un personaje y utilizarlo a su favor, para comunicar su conocimiento, su reflexión filosófica, ¿no? Entonces, hay que encontrar una manera de tender puentes, me parece que eso es importante, pero además, de entender que hay otros instrumentos además de los tradicionales. Es decir, no renunciar a los instrumentos tradicionales, uno no tiene por qué renunciar a ellos, pero uno se puede extender. Yo pondría el ejemplo de la natación, o sea, los fundamentos del nadar son los mismos, ahora, toda la tecnología que hay alrededor actualmente de la natación: la ropa, la forma de entrenamiento, las cosas para lanzarse, la temperatura del agua, en fin, todo eso cuanta para que entonces hoy se nade de otra manera, ¿no? Para que nosotros, los que no competimos, nademos mejor. Entonces, es interesante, porque de nueva cuenta no renuncias a lo que eres por incorporar otros instrumentos, por indagar también qué consecuencias tiene para el pensamiento el que tengamos muchos instrumentos de muchas formas.

Y en torno a estas nuevas prácticas de divulgación individuales y colectivas en México y el otras partes del mundo, Priani comenta.

Ya hablamos del caso de Žižek pero hay otros casos, como por ejemplo, el del escritor suizo Alain de Botton, quien escribe una cosa que se llama La arquitectura de la felicidad, y escribe por supuesto ensayos, y tiene best sellers. Pero tiene un proyecto que se llama La escuela de la vida, que consiste en cómo tratar de llevar o hacer aplicaciones prácticas de la filosofía. Él es otro de los que están haciendo cosas, además de ser muy activo en Twitter, muy activo en Facebook, entonces, tienen formas de comunicación contemporáneas. “La escuela de la vida” es una franquicia, o sea, tú puedes literalmente ir, te tiran el rollo y abres tu franquicia, ¿no? Son súper capitalistas, eso es un hecho, hay quienes saben jugar muy bien con el sistema.

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Fotografía. Amira Baltézar.

Sin embargo, a pesar de la creciente proliferación de estos nuevos medios y aunque algunos filósofos han dedicado sus trabajos a teorizar sobre los medios digitales, admite Priani que en el gran campo de las humanidades hay todavía muy poco desarrollo filosófico en los nuevos medios. Preguntamos si esto quizás se debe a que subsiste esta idea de que el campo digital “demerita” el saber filosófico.

Es de esas cosas muy divertidas. Hay un debate abierto, los defensores del libro todos los años dicen: “eso no va a pasar, el libro va a seguir siendo el libro, la gente no va a comprar libros electrónicos”, entonces, todos los años se dice: “mira, ya no se venden tantos libros electrónicos, mira, la gente parece haber vuelto”. Pero si uno lo contrasta con la realidad, no es cierto. Cada vez hay más libros electrónicos, cada vez se lee más electrónicamente y demás, por ejemplo, en un país como el nuestro, la forma de transmisión de los libros está siendo el PDF y por lo tanto, la digitalización. Claro, ingenuamente, mucha gente cree que eso es leer un libro y no, es leer un PDF, es decir, lo lee uno en una pantalla con unas ciertas cualidades, pero eso no es leer un libro.

Cuestionamos al filósofo sobre la distancia entre el PDF y el libro, si son lo mismo, qué diferencias existen y qué opciones aportan estos nuevos modos de divulgación.

¿Es el mismo texto?, sí, es el mismo texto que aparece en el libro. ¿Cambia?, sí, sí cambia porque es un PDF y tiene otras características, puedes hacer otras cosas, tiene cualidades distintas y entonces, entra a ti de otra manera, te relacionas con él de otra forma. Lo cierto es que, en cuanto nos hemos ido despegando de los libros físicos, leemos mucho más y tenemos acceso a una cantidad infinita de información. De hecho, prácticamente ya nadie compra revistas en papel para leer los artículos, los busca en bancos de datos que hay porque no sólo es más cómodo, sino que, cuando uno está haciendo una investigación, uno lo que requiere es poder encontrar cuantos artículos sean relevantes. Son mejores las herramientas digitales que las herramientas físicas para encontrar los artículos que son relevantes y entonces, eso va cambiando mucho. Una característica que tenía la producción académica en México, hace relativamente poco, y específicamente la académica de filosofía, es que se basaba en los libros disponibles en castellano, más aquellos que se podrían obtener en otros idiomas, pero la dependencia a lo que había era muy alta.

¿Qué cambia con respecto a la experiencia de la lectura y a la transmisión del conocimiento?

Nuevas ideas, ideas diferentes, leídas de otra manera, estudiarlas de otra manera y entonces, claro, lo que tienes es un enorme acceso al saber. Yo no creo que haya vuelta atrás, yo no te voy a pronosticar que el libro físico va a desaparecer en el 2040, no tengo ni idea si va desaparecer, a lo mejor ni desaparece. Si los viniles no han desaparecido, ¿por qué va a desaparecer el libro físico? La cosa es que los viniles hoy son cosas de señores que coleccionan, de Dj’s, y aunque hay un mercado, la gente no lo consume mucho; son muy delicados, es una lata conservarlos, se rayan fácilmente, ¿no? Entonces, es una cosa de gente exótica, de gente que le gusta eso. Y con los libros, estoy convencido que va a pasar lo mismo, se van a convertir en objetos exóticos, para gente exótica que quiere tener bibliotecas físicas ¿no? Es muy chistoso, porque, cuando construí mi casa, el punto central era la biblioteca, si hoy volviera a construirla, no tendría biblioteca, tendría un espacio para investigar y trabajar completamente distinto, sin cosas que me distrajeran: una computadora, un escritorio, un sillón donde acostarme, pero no libros ni libreros.

Preguntamos sobre la vigencia y los nuevos sentidos de autores y corrientes que él trabaja en las materias que imparte en la Facultad de Filosofía y Letras.

Yo trabajo Medioevo y Renacimiento, que a su vez son temas marginales dentro de la Historia de la filosofía, el Renacimiento como parte de la Historia de la filosofía y el Medioevo como parte de la Historia de la filosofía. Entonces, si uno se pregunta, en términos muy abstractos, ¿necesitamos medievalistas, necesitamos filósofos que estudien a Santo Tomás de Aquino, Alberto Magno o Ramón Llull? Pues no, pero tampoco necesitamos youtubers, es decir, no es un problema de necesidad. Alguien dirá: “mira, claro que los youtubers hacen mucho dinero”. ¿Y? No los necesitamos de todas maneras, o sea, a lo que quiero ir es, el que hagan dinero no es justificación de que sean necesarios, simple y sencillamente, si vamos a hablar en términos de necesidad, hay muchas cosas que no son necesarias, ¿no?

Y sobre la función y el papel de los estudiosos de diversas corrientes de la historia de la filosofía en los tiempos actuales.

Si hay estudiantes del Medioevo y del Renacimiento, ¿para qué sirven? Ese es un poco el problema, ¿para nada?, no es cierto. Hay mucho que aprender siempre del pasado, es decir, una humanidad que olvida su pasado, olvida muchas cosas y no sólo está condenada a repetirlo, sino que está condenada a no poder desarrollarse, está condenada a quedarse eternamente como en un mismo campo. Volver, revisar, discutir, valorar, es decir, es muy interesante porque hace tiempo el Medioevo y el Renacimiento no tenían ningún valor y de pronto, nuestros problemas, guerras religiosas, confrontaciones, son tan medievales, son tan renacentistas, ¿no?, que uno dice, bueno, entonces échate una mirada ahí para ver qué pasaba con las religiones en el Renacimiento y en el Medioevo, cómo era ese diálogo inter-religioso. ¿Existía?, ¿eran puras guerras?, ¿estamos condenados solamente a pelearnos? O ¿había posibilidades de dialogar? Lo hubo, entonces, hay mucho que aprender ahí.

Las humanidades, concluye Priani, es una gran arma de conocimiento del hombre y su tiempo, la cual no podemos hacer a un lado.

Lo que me parece terrorífico, es que se quiera renunciar desde cualquier lado, es decir, desde fuera de la filosofía, desde dentro de la filosofía, dentro y fuera de las humanidades. Me parece terrorífico que dentro de las humanidades se quiera olvidar, no sé, la Filosofía mexicana, que se quiera olvidar el Medioevo, el mundo clásico, que se considere irrelevante el arte, que se considere irrelevante la tecnología, frívolo el cine o la televisión. A mí me parecer que eso no puede ser. Este mundo de conexiones es un mundo donde cada vez nos damos cuenta que las cosas están interconectadas, que la forma en que pensamos no es ajena a nada y que entonces, tenemos que cultivarlo todo.

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