No les pedimos la luna: las costureras del 19 de septiembre

El desastre de las costureras, 1985. El desastre de las costureras, 1985.

Luis F. Gallardo

Nací en los años setenta y viví el terremoto de 1985. Por años, cada 19 de septiembre nos dábamos a la tarea de conmemorar, con ya coloquiales y poco eficientes simulacros, uno de los momentos más críticos de la historia de la ciudad. Y también hubiéramos simulado así el siguiente año, si no fuera porque este 19 de septiembre llegó —como una onda expansiva de la historia—, un nuevo fenómeno telúrico que desató emocional y psíquicamente el inevitable déja vu. Es cierto que, en cuanto a daños, muertos, organización gubernamental, este nuevo sismo fue como una pequeña extremidad de aquél. Pero la Historia (así con h mayúscula) trajo consigo algunas reverberaciones, como si éstas fuesen las ondas temporales de un mismo fenómeno dilatado sólo por una breve extensión de tiempo —geológicamente hablando—, cuadros atemporales, como si se tratase de un tiempo congelado, reflejado o traslapado, una diacronía sincrónica, o una sincronía diacrónica, una paradoja de tiempo en una hebra cronológica que forma un rizo perpetuo.

Quiero decir que hay conexiones, continuidades, reflejos entre los dos eventos, que evidencian ese México inmóvil, congelado en el tiempo, atrapado por la genética social e histórica del subdesarrollo.

Baste un caso: En la esquina de Bolívar y Chimalpopoca, en la matriz de la Colonia Obrera, un viejo edificio herido y llagado por el terremoto del 85, que debió haber sido deshabilitado y destruido desde entonces, se desplomó finalmente sobre un número indeterminado de personas. En palabras de Ricardo Contreras Santana, chofer de la empresa Seo Young Internacional ahí establecida, en su primer piso hospedaba una maquiladora de vestidos para mujer, que en palabras de la trabajadora sobreviviente Beatriz Ballinas, daba empleo a 100 trabajadoras de la costura. Se desconoce el número total de costureras que trabajaban al momento del derrumbe. Cuando leí la noticia en voz alta alguien me dijo: “Otra vez las costureras”. Y pude sentir el poder de la reverberación histórica. Esos ecos terribles.

Está en Youtube, aunque en pésima calidad, un excelente documental de Mari Carmen de Lara de título “No les pedimos un viaje a la luna” (1987)[1], que narra la sufrida historia del surgimiento del Sindicato Nacional de Costureras 19 de Septiembre. El hito fue el terremoto del 85 que, según cifras de la propia película, arrasó con 800 talleres de costura y dejó en la calle literalmente a 40 mil trabajadoras. Uno puede ver el documental como si se tratara de una pared de agua, detectando las reverberaciones, las iteraciones temporales. Aquellas mujeres sufrían una explotación laboral que las mantenía apenas encima de la línea de flotación de la miseria. La formación del Sindicato y de Cooperativas sembró la esperanza de alcanzar un estatus laboral más justo, una pálida sombra de lo que llamaríamos hoy calidad de vida.

Vergonzoso entrever el nulo valor que tenían las mujeres solamente a 30 años de distancia. La mujer no sólo como trabajadora, incluso como persona. Ciudadanas de segunda. La metáfora más desoladora de este desprecio es el cuidado con que los patrones extraen quirúrgicamente de los escombros la maquinaria y los extensos pliegos de tela en grandes rollos que apilan amorosamente en un camión de carga; paralelamente a esta tierna atención a su capital material, excretan al vacío, a la nada… a sus trabajadoras. Para estos patrones, los justos reclamos de las costureras son tan inexistentes como su personalidad humana: fuerza de trabajo ínfima, prescindible, intercambiable, como la resistencia de un fusible; desoyen incluso el reclamo más básico, humano, de recuperar los cuerpos sepultos bajo los escombros, menos valiosos que maquinaria y telas.

Mujeres con todas las obligaciones de un infernal empleo maquinista, bajo un sueldo miserable y frente a la desgracia, sin ningún derecho. Mujeres totalmente impotentes. Antígonas, cada una, de su propio Polinice, y víctimas del cruel Creonte: Estado y cultura. Es la historia del intento, del esfuerzo destacado de un empoderamiento justo y necesario, de una autoestimación civil, política, ética, legal e imprescindible. Es también un momento de la historia en que la organización social tuvo la suficiente fuerza para empujar cambios institucionales. Reverberación de la Historia…

32 años después, el Sindicato subsiste, pero arrastrado —como todos— por la precarización del empleo. Las condiciones laborales, lejos de mejorar, han empeorado para hombres y mujeres por igual [2], tener un trabajo sindicado en México ya es un lujo. Los trabajos sindicados son tan cotizados que los sindicatos, como ocurría durante la colonia, venden las plazas al mejor postor, a costos inaccesibles para niveles socioeconómicos bajos, lo que constituye otro garante de perpetuar las condiciones sociales, otro inhibidor de la movilidad social.

lideresa
Evangelina Corona, líder del Sindicato de Costureras 19 de Septiembre

Examinen este reflejo. En el 85 el desplome de los talleres de costura paradójicamente desenterró, sacó a la luz, la terrible problemática social de la mujer trabajadora; en 2017, tras la polvareda, surgió de nuevo una terrible situación: Hasta el 27 de septiembre la cifra de muertos en la ciudad de México por causa del terremoto era de 198 personas, 71 hombres y 127 mujeres, es decir, casi el doble. En la fecha en la que esto se escribe, de 217 fallecidos, 82 son varones y 135 mujeres: 62% de las víctimas. Para Patricio Solís, investigador del Centro de Estudios Sociológicos de el Colegio de México, estas cifras pueden explicarse con las estadísticas de la discriminación de la mujer en México. El terremoto sucedió a las 13:14 horas, hora laboral; mientras el 52 por ciento de los derrumbes fueron de casas habitación, en cuanto a las tareas del hogar el 95% de las empleadas domésticas son mujeres, si no se cuenta con empleo doméstico las labores del hogar son desempeñadas un 72% por mujeres y solo un 28% por ciento por hombres; por lo tanto no resulta sorprendente que un gran número de víctimas del sismo fueron amas de casa y empleadas domésticas. Pero la cifra se dispara si se considera el viejo edificio de Bolívar 168 y sus propias costureras. ¿Quiénes eran estas costureras? Se sospecha que eran en su mayoría indocumentadas, asiáticas y centroamericanas, quizá víctimas de trata y de explotación laboral. De nuevo mujeres desvalorizadas, despersonalizadas, sometidas, empleadas sin derechos. De nuevo. Mujeres invisibles, trágicamente inexistentes.

Estos ecos aparecen una y otra vez, mientras continúo apreciando el documental de María del Carmen de Lara, en el que aparecen de pronto unos seres siniestros, amorfos, monstruosos; tristemente legendarios de los años ochenta, los judiciales. Cuyo arquetipo es Mike Goodness, la genial historieta de Rafael Barajas. Nueva reverberación. Los judas o judiciales buscan a la líder o a las líderes para pegarles una madriza de antología. Atracan y despojan de sus ahorros a las buenas personas que las hospedan temporalmente; torturan por diversión a los huérfanos del terremoto sólo para que chillen. Y torturan más a los que no chillan. Criminales con charola. *

Vuelvo al documental de María del Carmen. Estamos en 1986, aparece el “heroico” cuerpo de granaderos: es el desfile burocrático del 1º de mayo. Marcha el Presidente del brazo del gabinete, reconozco entre la bulla a Fidel Velázquez; ellos, la élite intocada e intocable. Con sus sueldazos, su corrupción impune, su paradisiaco nivel de vida. Muy sonrientes. La brigada de costureras que exigen el reconocimiento del Sindicato trata de irrumpir en el desfile, de manifestar su existencia, de reflejar su importancia. Los granaderos aparecen, agreden, golpean, someten: la líder debe ser hospitalizada tras la terrible golpiza. Reverberación…

32 años después, la Brigada Feminista de Apoyo CDMX Sismo se ha instalado como apoyo en Chimalpopoca al trascender la posibilidad de que haya costureras atrapadas bajo los escombros. Tratan de ser visibles. Dicen ser discriminadas en las labores de rescate, dicen ser relegadas a labores de servicio y apoyo, reparten comida. Algunas han podido picar piedra y remover escombros. Como a otras zonas de derrumbe llega el ejército, pero viene acompañado del “heroico” cuerpo de granaderos, quienes desalojan sin explicaciones y con lujo de violencia. Se reporta el robo de materiales y objetos personales. No se sabe bien a bien nada, la información es confusa. La vocación de ayudar es superior a la explosión de violencia. Se resuelven los malentendidos. Pronto vuelven todos al objetivo primordial de buscar vida bajo los escombros. La Brigada Feminista de Apoyo CDMX Sismo continuará en el lugar hasta el final… Feminismo reverberante…

Termina el documental y descubro en los créditos que todo el equipo técnico de la película está compuesto por mujeres: Dirige Mari Carmen de Lara; Fotografía, Maripi Saenz; Sonido directo y diseño sonoro, Penélope Simpson; Produce, asiste dirección y hace fotofija, María Eugenia Tames; Edita Cristina Gómez; algunos hombres aparecen después, en apoyo de cámara Luis Lupone; Música Eblen Macari; colaboración de Bertha Navarro, con apoyo de Guillermo Navarro y de Sigfrido Barjau, entre otros. Es pues una producción feminista.

Edificio de costureras en San Antonio Abad, 1985. Foto de Roberto Esquivel Sánchez.
Edificio de costureras en San Antonio Abad, 1985. Foto de Roberto Esquivel Sánchez.

Es importante hacer un poco de memoria: en 1975, un grupo de jóvenes cineastas fundaron el Colectivo Cine-Mujer, conformado principalmente por alumnas de Centro Universitario de Estudios Cinematográficos de la UNAM y por alumnas de las primeras generaciones del CCC recién inaugurado. El Colectivo Cine-Mujer fundado por la psicóloga[5] Rosa Martha Fernández, tuvo entre sus primeras integrantes a Beatriz Mira, Ellen Calmus, Guadalupe Sánchez, Ángeles Necoechea, Sonia Fritz, Amalia Attolini, María Novaro. Posteriormente, pertenecieron al colectivo íntegramente, eventualmente o tangencialmente figuras como Maryse Sistach, Adriana Contreras, Lilian Liberman, Dorotea Guerra, Mari Carmen de Lara, Maripi Saenz, Gloria Ribe, Dana Rotberg, Ana Diez, Magdalena Acosta y Busi Cortés. El grupo se disolvió en 1987.

Los postulados del grupo eran feministas, acordes al movimiento norteamericano y con objetivos políticos precisos, sin embargo, no puede decirse que fuera un grupo de pensamiento homogéneo, ni homologado; por el contrario, algo que puede apreciarse en la obra de varias de estas realizadores es una conceptualización personal en torno a lo femenino.

La fundadora e ideóloga del grupo, Rosa Martha Fernández, filmó en 1977 “Cosas de mujeres” con la intención de reflexionar sobre la problemática del aborto (40 años después, irresuelta); “Rompiendo el silencio” de 1979, era una película para denunciar los horrores que padecen las mujeres tras actos de violación[6]. Dos películas muy valientes para su época. En aquellos años el cine carecía del punto de vista feminista, narrado por mujeres. Se inserta por primera vez en la historia del cine mexicano ese punto de vista y esa mirada. No la mirada femenina, concretamente: la mirada feminista. Es decir, una visión crítica del sometimiento de la mujer en la sociedad mexicana de aquellos años. Vista en retrospectiva, desde mi punto de referencia en 2017, este movimiento me parece de extraordinaria importancia. El valor social y político de las películas resta importancia a una apreciación estética. Lo ético de la película es infinitamente más valioso que lo meramente esteticista.

Y eso pasa con “No les pedimos un viaje a la luna” de María del Carmen de Lara, que tiene un enorme valor histórico y testimonial. Pero en este caso también estético. Una narrativa casi directa, con un uso muy escueto y compactado de la voz en off, hilando un discurso muy claro, no exento de poética como tiene todo buen documental. Y es feminista. Exalta la lucha de la mujer, en un punto clave de la historia, la lucha por auto determinarse, por empoderarse, por transformar su condición social.

30 años después de que se exhibiera la película (1987), dejaron de haber películas en las que se lea en créditos equipos técnicos conformados enteramente por mujeres, desaparecieron de nuestra pantalla los discursos feministas, la mirada feminista. ¿Qué pasó? ¿Triunfó la desaprobación, triunfó el aplastante machismo cultural?

1985-2017. Las mujeres presentes en los rescates y en la lucha. Fotografía. Rodrigo Rodríguez.
1985-2017. Mujeres presentes en los rescates y en la lucha por sus derechos. Fotografía. Rodrigo Rodríguez.

Es simple: la condición de la mujer no ha variado, quizá ha empeorado. Aunque parezca que esta es una época de mayor equidad de género, o de mayor oportunidad para la mujer, la diferencias de género siguen pesando, tras los derrumbes del terremoto, mueren por montones en sus hogares señoras amas de casa y empleadas domésticas, y anónimas costureras. Es el bucle del tiempo mexicano.

Como la metáfora genial de Eugenio Polgovsky en el documental “Los herederos”, al exponer el vergonzoso trabajo infantil en México, y la proverbial miseria, que es en realidad lo que se hereda generación tras generación, cual estamentos medievales. Así nuestros miserables no pueden escapar de esa predestinación de clase: y todo se expresa en esa metáfora brillante de la niña que hila los vestidos, que será años después la anciana que apenas puede cargar un balde de agua. Son los herederos de estos bucles de tiempo en los que México parece atrapado, en los que no cambia nada o empeora, en los que reverbera un terremoto sobre otro… y una película de 1985 sobre la realidad de 2017. Y la diferencia entre unos y otros, se diluye, se difumina, 32 años después, en las nieblas brumosas de la historia.

Ahora mismo podríamos decir a nuestras autoridades: No les pedimos la luna. Sólo su apoyo, su compromiso, su trabajo, su transparencia. Pero si no lo tenemos, ¿nos organizaremos como las costureras para propiciar ese cambio necesario en nuestro país? Ese parte del bucle, esa reverberación está por verse. O mejor aún, por vivirse.

 

Notas

* ¿Qué pasó con este cuerpo policíaco 32 años después?

32 años después atisbamos detrás del espejo… Vicente Fox disuelve deshonrosamente la Policía Judicial, a cuyos miembros envuelve en una plasta de vituperios y crea la AFI, Agencia Federal de Investigación (los gobiernos panistas sueñan con policías parecidos a los de las series policíacas gringas como La ley y el orden, CSI, o en el patético caso de Calderón, como Jack Bauer de la serie 24), se innovan técnicas de capacitación y de control, se hacen exámenes de confianza, principalmente del polémico, inútil y violatorio polígrafo y, por supuesto, de antidoping; simultáneamente se realizan despidos masivos de judiciales; y más adelante de policías federales y soldados bajo los mismos criterios: seres militarmente capacitados para la tortura y la violencia lanzados al desempleo. En los mejores casos, abren agencias de seguridad privada o se incorporan a las existentes; pero al mismo tiempo, la tasa de organizaciones dedicadas al secuestro crece exponencialmente, se pasa de 2,920 secuestros en el año 2000, a 32,120 casos en 2014[3]. Como es un delito que afecta a los ricos, cobra interés público y se firman leyes draconianas contra los secuestradores.

Otros se ofertan como elementos de seguridad de organizaciones criminales. Una célula de estos desempleados —ex judiciales, ex militares y ex policías federales— van a conformar en el sexenio de Calderón una de las organizaciones delictivas más temibles de la historia de México y quizá del mundo[4], los Zetas, cuyos líderes conservan la clave élite que tenían en su época judicial, el Zeta 1, el Zeta 10, el Zeta 40. En uno de los peores sexenios de la historia de nuestro país, ante un Estado débil e inoperante, la sensación de zozobra e indefensión de la sociedad civil es brutal —bien expresada en la película Miss Bala de Gerardo Naranjo— por lo que surgen en Michoacán, Guerrero y Jalisco en 2013 y 2014 grupos de civiles armados llamados autodefensas. La guerra de Calderón regó sobre todo el territorio nacional la sangre de más de 60 mil personas. 60 mil personas es casi una ciudad. En comparación, el reciente terremoto, en cifras oficiales, mató a 358 personas en todo el territorio nacional.

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Trabajos citados

 

Documental de:

Lara, M. C. (Dirección). (1987). No les pedimos un viaje a la luna [Película]. 58 min. Color. Documental. Link: https://www.youtube.com/watch?v=1pk6pZAJ8_8

Documentos en línea

De Buen, N. (28 de 09 de 2017). El sistema laboral en México. Obtenido de Biblioteca Jurídica Virtual del Instituto de Investigaciones Jurídicas de la UNAM (PDF): https://archivos.juridicas.unam.mx/www/bjv/libros/5/2458/10.pdf

Vera, R. (28 de Septiembre de 2017). Comando balea a brigadistas católicos en Oaxaca; hay dos heridos y una joven violada. . Obtenido de Proceso: http://www.proceso.com.mx/505294/comando-balea-a-brigadistas-catolicos-en-oaxaca-dos-heridos-una-joven-violada

 [1] https://www.youtube.com/watch?v=1pk6pZAJ8_8

 [2] Estas son las apreciaciones del Dr. Néstor de Buen sobre el trabajo en México estos últimos años: “En primer término, las consecuencias de la globalización, que marcan una decadencia del derecho del trabajo en todo el mundo. Hay una notable tendencia a sustituir la concepción tutelar que iluminó a la disciplina por otra que anteponga el interés de las empresas: pérdida de la estabilidad en el empleo; regulación de las huelgas en empresas que prestan servicios esenciales —o así considerados— a la colectividad; despidos más fáciles, temporalidad como nota distintiva en las relaciones de trabajo; regreso a las regulaciones civiles y mercantiles de los denominados, con cierto optimismo, contratos de trabajo, entre otros etcéteras. / En segundo lugar, situaciones de hecho provocadas por el prurito de no cumplir con los trabajadores las obligaciones fundamentales previstas en las leyes laborales. / El tema no es exclusivo de México, se ha presentado en muchos países. Pero actualmente la moda es la creación de supuestas empresas de mano de obra que alquilan los servicios de sus trabajadores para que, sin generar relaciones de trabajo con la empresa arrendataria, éstas queden liberadas de responsabilidades por despidos o, lo que es más frecuente en México, de las obligaciones legales de participar a los trabajadores en las utilidades de las empresas. (De Buen, 2017, pág. 138) (…) Es evidente que el derecho del trabajo, de antigüedad muy relativa, es mutable de acuerdo a las condiciones políticas o económicas de los países. Quizá, con el derecho agrario sufre las contingencias de las circunstancias, y en la misma medida que constituyó uno de los baluartes del Estado de bienestar, hoy representa con evidencia indiscutible la realidad mundial del Estado de malestar.” (De Buen, 2017, pág. 141)

[3] Datos del Consejo para la Ley y los Derechos Humanos A.C.

[4] En 2014 Obama clasificó a Los Zetas como amenaza global, una etiqueta que tienen grupos delincuenciales como la Camorra italiana, los Yakuza japoneses, o el Círculo de los Hermanos de Rusia.

[5] En aquella época solo se podía ingresar al CUEC después de haber terminado una carrera profesional, por lo que Rosa Martha Fernández y este grupo de mujeres, al menos las provenientes del CUEC, eran profesionistas jóvenes.

[6] En una clase del CUEC con el maestro y crítico de cine Jorge Ayala Blanco, éste se refirió a las películas de Rosa Martha Fernández en términos irónicos, decía que “Cosas de mujeres” hacía tan indeseable el aborto que convencía a toda aquella mujer que lo veía de no optar por el aborto (o sea lo contrario de lo que se proponía) y por el contrario, “Rompiendo el silencio” era una película tan erótica que hacía fantasear a las mujeres que la veían con la violación (o sea lo contrario de lo que se proponía). Quizá el maestro Ayala Blanco tenga razón, pero detrás de su comentario hay un claro tic machista, bastante usual, en el que se descalifica lo feminista por cualquier causa: por exceso o por insuficiencia, por ineficiencia o por eficiencia, lo feminista se cuestiona per se, y se exculpa por la misma causa, al cabo todo es cosa de mujeres, o sea cosa mal hecha o malhadada.

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