La aguja habla

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Gimena Romero

 

El bordado, un buen bordado, es y deber ser considerado como una obra de arte.

Trinidad Morcillo Raya, 1891.

 

El bordado es al dibujo lo que el tejido a la escultura. Es trabajo de línea sobre plano; el eslabón entre bidimensión y tridimensión al ser una imagen pero con características de textura y volumen inherentes de un cuerpo. Inherentes de la invitación a una caricia, el bordado incitador, el textil sensual.

En México existió tradición de bordado lavín o bordado con cabello, durante el siglo XVIII. En el Colegio de San Ignacio de Loyola “las Vizcaínas”, se enseñaba este tipo de trabajo aplicado a los pañuelos de cortejo; donde las señoritas usaban el cabello del novio para aceptar una propuesta de matrimonio formal.

Trinidad Morcillo Raya, fue una de las primeras artistas textiles como las concebimos ahora. Maestra de Labores y Encajes en la Escuela de Artes y Oficios Artísticos de Granada, a su trabajo no le llamaba bordado sino “litografías a la aguja”. El bordado lavín es considerado bordado erudito por su nivel de complejidad. El oficio lo aprendió de su tía Paca Raya, bordadora de renombre que fue precursora de la escuela granadina de bordado.

Todo el trabajo textil tiene implicaciones corporales y simbólicas muy fuertes. Pienso en el hilo cuando se lame, se suda y se sangra. El bordado nace en las entrañas y sale del cuerpo hasta posarse sobre la tela, suave, voraz y lento. Como una flor después de haber sido deseo.

Bordar con cabello es un acto sumamente íntimo, es una de las razones por las cuales se trata de una labor tan delicada a muchos niveles. Por ser fibra viva se cree que conserva las virtudes y/o poderes de su propietario, su fuerza vital, con lo cual poseer un mechón de cabello, es una forma de posesión, de apropiación de dichas cualidades. Un mechón de pelo es considerado un regalo sagrado pues es compartir esta fuerza vital. Es por esto que el tomarlo sin pedirlo se consideraba un robo tan grave que Mab, la reina meiga, lo castigaba cortando las manos o la lengua, o al menos eso se escucha en las historias que cuentan en Vigo.

Las técnicas son lenguajes y como tal se tiene dominio de ellas. Para llegar a él habrá que desarrollar vocabulario, intuir y vivir su anatomía. A esto yo le llamo técnica, de la palabra del hilo, del cuerpo. Técnica para ser elocuentes en el discurso sea cual este sea. Faltará saber lo que se quiere decir y sobre todo cómo se quiere decirlo. La aguja habla.

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Gimena Romero es licenciada en Artes plásticas y visuales por la Escuela Nacional de Pintura, Escultura y Grabado, La Esmeralda del Instituto Nacional de Bellas Artes (INBA). Parte de su licenciatura en artes la realizó en el École Nationale des Beaux Arts de Lyon en Lyon, Francia. Ha ganado numerosos premios y menciones a nivel internacional como Iberoamérica Ilustra y FILIJ Catálogo de Ilustración Mexicana. Su trabajo ha sido acogido en diversas exposiciones alrededor del mundo como Brasil, Argentina, Francia, Portugal, Ucrania y España. Sus piezas se encuentran en colecciones particulares y estatales como la del Real acervo nacional de creadores en España y el MoMA the Museum of Modern Art en Nueva York, EU. Su libro Hebra de Agua fue seleccionado como libro del año en 2016 en el festival Teixim la ciutat celebrado en Sant Cugat en Cataluña, España.